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Los gatos canguros

Yo estaba en mi árbol favorito cuando Emilio pasó junto a mi, sollozando tristemente.
-¿Qué te pasa, Emilio?
-Me voy de casa, Emi, aquí no hay espacio para nosotros.
Me acerqué a mi hermano y advertí que llevaba una bolsa atada a un palo en la que guardaba todos sus juguetes.
-¿Pero por qué te vas?
-Porque mi humana convertirá nuestra casa en un albergue de canguros. Tú también deberías irte, Emi. Yo me voy al zoológico con los gatos pelucones.
-¿Con los leones?
-Eso, gatos, leones, es lo mismo.
¿Qué nueva locura se le había ocurrido Emilio? Corrí al living a investigar y descubrí que el resto de mis hermanos estaba llorando.
-Bua -decían-, que pena que nos seamos canguros.
Caminé por el pasillo y, al llegar a la habitación de mi humana, apoyé la oreja en la puerta.
-Bienvenidos a casa, queridos canguritos -escuché decir a mi humana-, aquí serán muy felices.
Era terrible, pero Emilio tenía razón. Regresé donde mis hermanos y apenada les dije:
-Creo que ha llegado el tiempo de dar una oportunidad a los canguros abandonados. Ellos merecen un hogar más que nosotros. Hagamos nuestras maletas como Emilio.
Mientras guardaba mi mantita en mi mochila, se me acercaron dos pequeños saltarines.
-Hola -me dijeron-, somos Murry y Adelaida, los canguros.
-Hola, ojalá sean felices aquí, les dejaremos todo sin pelos.
Los canguros dieron un salto hop hop.
-¿Pero por qué se van? -preguntaron.
-Es que no hay espacio para gatos y canguros.
-Ja, ja, ja, no somos canguros de verdad. Vamos, toca nuestras patas y entenderás todo.
Hice lo que me indicaban y descubrí que sus patas delanteras eran cortitas como las de los canguros.
-Nacimos con las patas delanteras malformadas -me explicaron-, por eso cuando éramos más chicos no podíamos caminar y se burlaban de nosotros. Pero con esfuerzo aprendimos a saltar con las patas traseras y nos convertimos en los gatos canguros.
-Que maravilla. Bienvenidos a casa, les prometo que aquí serán muy felices. Esperen un poquito, que ya vuelvo.
-¿Y a dónde vas?
-Al zoológico. Solo espero que no sea demasiado tarde.

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