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La historia de un gato viejito

Mi nuevo hermano se llama Darwin. Es viejito y tranquilo, pero no siempre fue así. Cuando era pequeño lo adoptó una familia, que lo hallaba muy simpático, pero cuando creció, dejaron de interesarse en él. Por eso, Darwin se la pasaba en la calle, peleando con otros gatos y viviendo aventuras.
Cuando pequeño era gordito, pero, como en su casa no le daban comida, se puso flaco. Aún así, seguía peleando y, aunque lo mordían, siempre regresaba a la calle.
—Soy el gato mas bakán del barrio —se decía Darwin.
Un día Darwin, regresó a casa y encontró la ventana cerrada.
—Hola —dijo—, ¿puedo entrar a dormir?
Pero no lo dejaron porque lo habían olvidado para siempre.
—No importa —se dijo Darwin —, total, soy el gato más bakán del barrio.
Encontró una nueva casa, detrás de un basurero. Comía poco y seguía peleando y, cuando quería beber agua, se colaba en el jardín de una vecina que siempre lo corría a escobazos.
—No importa —se decía Darwin —, soy el gato más bakán del mundo.
Lo cierto es el pobre nunca había olvidado su verdadera casa.
Un día, llegó un nuevo gato al barrio y Darwin corrió a enfrentarlo. Le mostró dientes y uñas y entonces el gato le dijo:
—No deberías pelear porque estás muy viejo.
Entonces Darwin se miró en un charco de agua y supo que era verdad. No solo estaba lleno de arañazos, también le faltaban dientes y tenía la cara herida.
—Parece que ya no soy el gato más bakán del barrio —pensó Darwin .
Caminando tembloroso, buscó una caja donde pasar el invierno. Ya no quería pelear, solo quería dormir porque, sin darse cuenta se había vuelto anciano, y pensaba que nadie lo querría.
Aquella fue la noche más fría del año y Darwin estaba seguro de que no aguantaría. Recordó cuando, de niño, vivía en su casa y, ya sin esperanzas, pidió un deseo…
…Despertó sobre una manta, rodeado de nuevos amigos, como Emilio y Carrito. Y entonces, Darwin, que ya no tenía ni dientes, no quiso pelear, simplemente sonrió y volvió a dormir, sabiendo que su sueño se había vuelto realidad.

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