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Gaspar, el gatito enojón

Hace unos días llegó a casa Gaspar, un gatito al que habían abandonado en la calle. Apenas atravesó la puerta se escondió bajo el refrigerador y, por más que lo buscamos, no apareció.
Lo encontramos al día siguiente, dentro de una caja de zapatos que había llenado con mantitas.
“Hola, Gaspar”, le dijo Emilio, “¿me dejas jugar en tu cajita?”.
“No, no, no”, dijo Gaspar.
“¿Ni siquiera un poquito?”.
“No, no, no”.
Durante todo el día, Emilio y los cachorros intentaron jugar en la caja de Gaspar, pero el pequeño no permitió que ninguno entrara.
“Ah, pero que egoísta eres”, le decían los otros gatitos.
A lo que Gaspar respondía “no, no, no”.
Todos estaban enojados con Gaspar, pero yo sabía que no era egoísta; sin duda, debió de ocurrirle para que fuera así.
Esa noche, cuando todos dormían, me acerqué sigilosamente a Gaspar y lo escuché hablar dormido.
“Por favor, no me hagas daño”, decía Gaspar con un dedo en la boca como los bebés, ” yo no te hecho nada”.
Apenada, comprendí lo que sucedía. Y es que cuando Gaspar vivió en la calle le habían hecho mucho daño, por eso no confiaba en nadie y tampoco sabía lo que eran los amigos.
Mientras Gaspar dormía, desperté a los cachorros y a Emilio y les dije lo que sucedía. Y después de mucho pensar, encontramos la forma de ayudarlo. Ahora debíamos trabajar duro para tener todo listo antes de que despertara Gaspar.
Y así fue que por la mañana, Gaspar se encontró con una gran sorpresa. Pues estaba dentro de un gran refugio construido con juguetes.
“Hola Gaspar”, dije.
“Hola, ¿qué es esto?”.
“Es un fuerte que te construimos entre todos. No me digas que no es mejor que una caja de zapatos”.
“Sí, es más bacán”.
“Aquí estarás protegido y nadie te molestará como cuando vivías en la calle. ¿Pueden pasar los gatitos?”
“Es que… bueno ya”.
Los gatitos entraron inmediatamente y jugaron alrededor de Gaspar que, aunque todavía no se acostumbraba a su compañía, sonrió sin darse cuenta.
Ahora Gaspar se siente protegido. Cada vez juega más y ya casi no reclama. Poco a poco se está convirtiendo en un gatito feliz. Y lo mejor de todo es que dentro el fuerte de juguetes, nadie volverá a molestarlo.

 

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