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Emilio y su nuevo y divertido amigo

Emilio y su nuevo amigo
Hola soy el Emilio y les voy a contar una historia. Ayer me levanté tempranito como a las doce y fui a la cocina a comer pellito. Iba saltando así, pum pum y de repente, me encontré con la Emi, que me dijo: "Te comiste todo el pellet, enano panzón". La Emi siempre me reta pero de broma, aunque ahora estaba un poco enojadita. Lo que pasa es que ella también es buena para comer; come, come y come y ahora no tenía comida. Yo le decía que no me había comido el pellet, pero no me creyó nada porque nunca me cree. 
"Ay, pobre Emilio", me dije, y me fui al ropero a llorar así, ayayayyayay. Lloraba y jugaba con un papelito y estaba en eso cuando sentí que algo se movía. "¿Quién anda ahí?", pregunté, "¿eres tú, Viejito pascuero?". Algo hizo sonar sus patitas así, chucuchucuchucu y me dijo: "No me comas, por favor, no me comas". El que estaba escondido en el ropero era un ratón. Yo no conocía a ningún ratón, salvo al ratón Tornillo que nos escribió el otro día. "Hola ratón", dije, " yo no como ratón, yo como pellet". "Ah, que bueno", me dijo el ratón, "¿quieres un poquito de comida?". El ratón tenía un montón de comida en una bolsa y, moviendo sus bigotes, me dio un poquito. Yo comí como loco y después me acosté de guata pero cuando le iba a dar las gracias al ratón, éste ya se había ido. 
"Emi, Emi, Emi", dije. La Emi estaba en la cocina tratando de comerse un papelito. Siempre comía, todo el día, y ahora que no había comido en un ratito se hacía la pobrecita. "Emi", le dije, "el que se comió la comida fue el ratón". "¿Qué ratón?, me preguntó la Emi. "El ratón", le dije yo, "el ratón ratero". La Emi me dijo que yo era un mentiroso porque ningún ratón se metería a una casa donde había tanto gato. Yo le dije "no me importa lo que creas, cabeza de pato". Y me fui. 
Ese día jugué con una tapa de bebida y con un calcetín y después cuando me iba a acostar apareció la Emi y me dijo:
—Emilio, tenías razón, parece que en la casa hay un ratón. 
—¿Y como supiste? —le pregunté. 
—Lo que pasa es que hace un rato mi humana dijo ratón ratón y se escondió en su pieza y no quiere salir. 
"Ay, que chistoso", dije yo, y me fui al ropero a contarle lo que había pasado a mi amigo ratón. El Señor ratón ratero estaba entremedio de unas mantitas tiritando como una jalea. "Señor ratón", le dije, "vaya a dónde mi humana de nuevo para que se asuste". El señor ratón me dijo que no pensaba salir del ropero porque el también estaba asustado. "Emilio", me dijo, " yo no soy un señor ratón. El señor ratón se encontró una nueva esposa y se fue. Yo soy una señora ratón y debo cuidar a mis pequeños". Entonces la Señora ratón movió una mantita y me di cuenta que había un montón de ratoncitos bebés enrollados. Olían a queso y a basura pero eran muy tiernos y chistosos. 
—Son pancitos ratón —dije.
La Señora ratón estaba muy triste porque decía que la echaban de todas las casas, y no quería irse de la nuestra porque era calentita y había mucha comida. "Tengo miedo, Emilio", me dijo. 
Levanté la nariz y las orejas y entonces se me ocurrió una súper buena idea. Corté una mantita en varios pedacitos y se los amarré a la Señora ratón y a los pequeños. "Señora ratón", dije, "sígame, vamos a ir a un lugar donde nadie la encontrará". 
Con mucho miedo, la Señora ratón y sus pequeños salieron del ropero y cuando mi humana los vio no se puso a gritar porque pensó que eran súper pancitos con capas. "Parece que los pancitos se achicaron", dijo mi humana. Pero no se extrañó mucho. 
Yo sé que la Emi no se va a enojar cuando se entere que su escondite secreto esté lleno de pancitos ratón. Como mucho va a decir ratón ratón y va a salir corriendo, pero como es la Lisa Simpsom gato, al final los va a querer y les va a dar saludos de pata. Ahora yo les voy a cantar una canción que le inventé a los pancitos ratón para que se duerman:

Había un ratón ratón ratón 
comía puré puré puré 
Bailaba el ratón, ratón, ratón 
Comía melón, melón, melón

 

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