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Emilio le pone nombre a los pancitos

Hoy por la mañana escuché a Emilio retar a Carrito. Me llamó la atención porque Emilio y Carrito se llevan muy bien. Así­ que salí­ de mi escondite a enterarme de lo qué pasaba . Resulta que Emilio estaba en el sillón y le decí­a a Carrito: “Vamos Carrito, sube al sillón, yo te enseñaré”. Pero Carrito no se subía y le decí­a a Emilio: ” tú sabes que no puedo, Emilio”. “Sí­ que puedes”, le respondió Emilio y corrió a buscar una escalerita de cuerda que colgó del sillón, le dio un empujoncito a Carrito pero como lo habí­a empujado muy fuerte, Carrito se cayó. “Pucha que eres tonto”, le dijo Emilio y entonces Carrito no quiso jugar más y arrancó de Emilio rodando por el living.
“¿Por qué no eres como Pancito?” le gritó Emilio. Emilio se escondió en su escondite secreto que no es tan secreto porque todos sabemos dónde está. En el escondite de Emilio están sus juguetes, la mantita de Olivia y todo lo que lo hace feliz. Es como mi escondite, un lugar solo para él. Rasguñé la puerta de su escondite y pedí­ permiso para entrar. “No estoy”, me dijo Emilio. Entonces lo escuché jugar con la pelota de Pancito, se la pasaba de una pata a otra y cuando se alejaba la iba a buscar con los dientes. “¿Seguro que no quieres que entre, Emilio?”. “No”, me dijo él, “estoy bien, solito”.


Me puse muy triste y fui donde la señora gata, que es la mamá de Pancito. La señora estaba flojeando en la cama de mi humana. “Hola señora” le dije, “¿le puedo hacer una pregunta… ¿Serí­a posible que tuviera otro gatito para que Emilio vuelva estar contento?”. La señora gata me dijo: “No, Emi, lo siento, no puedo tener más gatitos. Pero ¿sabes qué?, Emilio pronto entenderá que la única forma de ayudar a otros gatos es que los más grandes se vayan en adopción. Si yo, que soy la mamá de Pancito lo entiendo, él también podrá”. “Tiene razón, señora”, le dije a la señora gata y regresé con Emilio.
Le iba a llevar un trozo de pancito para que recordara a Pancito pero en el camino escuché que mi humana entraba por la puerta. Traí­a una cajita llena de gatos recién nacidos a los que habí­an botado. Los gatitos no tení­an mamá y no sabí­an comer. Habí­a que darles mamadera. Corrí­ donde Emilio a contarle que habí­an llegado gatitos nuevos pero Emilio me dijo: “No me interesa, solo me interesa Pancito”. Cerró la puerta de su escondite y no me habló más. Entonces me fui al balcón a comer hojitas.
Estuve hasta muy tarde pensando en formas de alegrar a Emilio. Me sentí­a muy triste, no sabí­a qué hacer. De pronto escuché un ruido raro proveniente del escondite de Emilio. Era un ruido de patitas enanas que sonaba pim pim. Me acerqué de puntillas y escuché que el enanito decí­a: “tú te llamarás Pancito amasado, tú Pancito con palta y tu Pancito con mantequilla”. Entonces me di cuenta que Emilio se habí­a traí­do a todos los gatitos nuevos a su escondite secreto y los estaba cuidando. Miu miu, decí­an los gatitos y se encaramaban por la cabeza de Emilio, que los lavaba ronroneando como si fuera su mamá. Yo sé que Emilio siempre extrañará a Pancito, pero es tan bueno que cada vez que llegue un gato chico lo cuidará. Emilio tiene mucho que aprender pero es muy bueno.

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