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Emilio y sus amigos de la granja

Este fin de semana fue largo. Un fin de semana largo es cuando los dí­as se convierten en domingo y los humanos salen de paseo. Mi humana nos llevó a Emilio y a mi donde una amiga que tiene una parcela llena con animales. Durante el camino en vehí­culo dejamos que el viento nos despeinara las orejas y cuando llegamos a la parcela mi humana nos enseñó el campo. Al principio me sentí­ rara en aquel lugar tan grande pero pronto me puse a correr junto a un montón de animales: vacas, patos y chanchitos. “Ven a jugar”, le decí­a a Emilio, pero Emilio no querí­a bajarse de los brazos de mi humana.
Estuve jugando con aquellos animales simpáticos hasta que me dio sueño y me fui a acostar, me metí­ en la cama de una chanchita y dormí­ por varias horas. Al despertar me restregué en las piernas de mi humana que me dio comida entonces me acordé de Emilio. “Enanito” dije, “¿Ya se te quitó el miedo? Ven a jugar”, pero Emilio no estaba en ninguna parte.
Fui donde la señora caballo y le pregunté por Emilio. “No he visto al pequeño por ninguna parte” me dijo, “pppfff”, fui a preguntarle a la señora vaca. La señora vaca se agachó, me lamió la cara y casi me doy una vuelta de carnero. Pero lo cierto es que tampoco habí­a visto a Emilio.


Emilio siempre se pierde y yo siempre lo encuentro, pero en esta ocasión era diferente porque estábamos en un lugar nuevo y si se perdí­a podí­a ser para siempre. Lo peor es que ni siquiera andaba con mi capa de súper Emilia así­ que serí­a más difí­cil encontrarlo. De pronto escuché que alguien decí­a Cocorocó. Era la señora gallina que saltaba, muy asustada. “¿Qué le pasó señora gallina?” pregunté. Entre los nerviosos cacareos de la Señora gallina entendí­ que se le habí­an perdido los pollitos. “Eso es terrible” le dije, “A mi se me perdió Emilio, busquémoslos juntas”.
Ya habí­a pasado mucho rato cuando escuché el sonido del estanque de agua y corrí­ hacia allá, la señora gallina me siguió preguntando a dónde iba, la verdad es que ni yo sabí­a por qué me dirigí­a al estanque pero no podí­a detenerme, entonces al llegar me llevé una gran sorpresa: Emilio estaba jugando a la mamá gallina y estaba caminando decidido hacia el estanque con todos los pollitos tras él, “Emilio” maullé, “¿A dónde crees que vas?” “Emi”, me dijo Emilio, “les voy a enseñar a nadar a los patitos”. “Pero Emilio” maullé “no son patos, son pollos, los pollos no nadan” Cuando Emilio escuchó esto se puso nervioso y se dio tantas vueltas que se cayó al agua. La señora caballo tuvo que ayudarme a sacarlo luego la mamá de los pollitos lo retó, le dijo coccorotonto y casi le da un picotazo.
Ahora Emilio anda muy avergonzado y no ha querido hablarme durante todo el camino de regreso, todaví­a está mojado y mi humana no se explica cómo se mojó, lo bueno es que Emilio entendió la diferencia entre los patos y los pollos. Los patos nadan, los pollos no. Espero que no se le olvide. Ahora no quiere regresar a la parcela porque le da miedo que la señora gallina le diga Cocorotonto, Pobrecito.

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