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Emilia conversa con un ser muy especial

Emilia conversa con un ser muy especial

Ayer después de comer me fui a dormir la siesta pero de repente escuché que se abría la puerta. Corrí a investigar porque podía ser un nuevo amigo gato que venia a vivir a nuestra casa, pero no era un gato sino una señora. Era una amiga de mi humana pero era diferente a otras señoras porque era gordita, aunque solo de la panza, como si se hubiera comido un gran melón. 
La señora se sentó a la mesa y se sacó los zapatos y yo me acosté bajo la mesa. No sé porque pero la señora me daba mucha curiosidad. Así que estaba ahí, sin hacer nada cuando de repente escuché que alguien me hablaba. "Hola", me dijo aquella voz, "¿quién eres tú?". Yo levanté las orejas y los bigotes porque no tenía idea de dónde venía aquella voz.. "Yo me llamo Emilia", dije, "¿cómo te llamas?". "No sé", me dijo la voz, "es que todavía soy chico". 
Hablé un buen rato con aquel amigo desconocido de voz pequeñita y de pronto cuando ya aguantaba más, le pregunté: "Oye, ¿dónde estás?, porque suenas cerquita y lejos al mismo tiempo". "Estoy aquí", me dijo, "aquí, dentro de mi mamá".
Cuando mi nuevo amigo dijo esto se me subió una bola de pelos por la garganta y luego me revolqué en el suelo de pura alegría. "¿Así que eres un bebé humano que todavía no nace?", le dije. "No sé", me dijo, "lo que sí se es que soy muy flojo, porque nunca me muevo, ni siquiera cuando mi mamá me habla". "¿Es que no te gusta jugar?", le pregunté. Entonces el bebé me preguntó qué es jugar y yo le expliqué que jugar es hacer cosas locas y reirse y pasarlo bien, imaginando cosas. "No entiendo", me dijo el bebé. "Ay, que eres leso", le dije. Y le hablé de los juegos que jugamos con Emilio, Carrito y los pancitos. El bebé no decía nada, pero cuando le conté del pancito pollo y de sus alitas, se mató de la risa y su risa era tan chistosa que me puse a rodar por el suelo. Seguí contándole historias divertidas y el bebé cada vez se reía más, pero seguía quietecito quietecito como un tronco. Luego de un rato su mamá dijo que se iba. "Bu", me dijo el bebé, "y yo que quería jugar". "Bueno", le dije yo, "pero primero tienes que nacer". El bebé se quedó en silencio y luego de muuuucho rato, me dijo: "Emilia, escucha, tengo una idea, ven para darte la mano". Yo no quería hacerlo porque no tenía confianza con su mamá, pero como el bebé insistía tanto saqué la cabeza de debajo de la mesa y pegué un salto sobre la señora. 
La señora se asustó un poquito cuando me subí sobre ella, pero entonces le toqué la barriga con la pata y sentí como las manos del bebé me buscaban por debajo de la piel de su mamá. Su mamá se quedó helada porque era la primera vez que sentía las pataditas de su bebé. Y entonces me abrazó muy fuerte y yo me puse a ronronear y así nos quedamos largo rato los tres juntos. 
Cuando llegó la noche yo ya me había quedado dormida y entonces su mamá me bajó muy despacito, porque debía irse. "Chao, Emi", me dijo el bebé, "espero nacer pronto para jugar contigo". "Chao, amigo", le dije yo, "te estaré esperando con todos mis amigos". 
Cada día tengo más amigos. Ahora tengo uno que todavía vive dentro de su mamá. Es el amigo más chico que tengo y espero conocerlo pronto.

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