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El gatito que quería jugar

Yo estaba quitándole los pelos a mi mantita cuando escuché a un pancito decir:
-¿Pero por qué no?
Hacía esta pregunta una y otra vez, por lo que no tuve más remedio que ir a investigar qué pasaba.
Resulta que el pancito estaba conversando con mi hermana nueva, Lúa.
-¿Qué pasa? -pregunté al pancito.
-Es que Lúa quería jugar pero ya no. No la entiendo.
Lúa, que es pequeña y calladita, se enojó con el pancito y se fue a esconder. Así que regresé a limpiar mi mantita, sin haberme enterado de lo que ocurría. No pasaron ni cinco minutos cuando escuché a los pancitos discutir con Lúa.
-Es que eres tan negativa -le decían-, siempre dices que no.
-No -decía Lúa-, no digo que no.
-¿Cómo que no? -preguntaban los pancitos-, si ahora mismo estás diciendo que no.
No tuve más remedio que ir donde los pancitos.
-Es la segunda vez que escucho que dicen que Lúa es negativa, pero yo la encuentro superpositiva.
-No, Emi- dijo el pancito Marraqueta-, es totalmente negativa. Espera y verás.
El Pancito Marraqueta corrió por el pasillo y regresó con la pequeña Lúa, que estaba de lo más enojada.
-Lúa -dijo marraquetín-, ¿Quieres jugar?
-Sí -dijo Lúa.
-Ah, pero que negativa -dijo Marraqueta.
-Pero si te dije que sí.
-Pero con la cabeza dices que no -dijo el pancito-. Siempre estás diciendo que no con la cabeza.
Entonces comprendí lo que pasaba. Después de retar a los pancitos, busqué a Lúa y la encontré bajo un arbolito, de lo mas triste.
-Hola, Lúa, disculpa a los panes, a veces son un poco lesos.
-Si sé, pero es que también me da rabia estar moviendo la cabeza todo el día. No puedo evitarlo.
-Es que tienes una enfermedad llamada hipoplasia cerebelar pero se te quitará con los medicamentos contra microbios que estás tomando.
-¿En serio?
-Te lo prometo.
En ese momento aparecieron los pancitos con un gran saco de pellet.
-Lúa, te traemos este regalo para que nos disculpes por ser lesos.
-Bueno, los disculpo. Pero deben estar atentos. Cuando digo que sí es si, no importa que esté moviendo la cabeza.
-¿Y cómo haremos para no confundirnos? -preguntó el pancito Marraqueta.
-Pues solo deben cerrar los ojos -dije yo-, así podrán escuchar con sus oídos.
-Que buena idea -dijeron.
Entonces cerraron sus ojos y le preguntaron a Lúa si quería jugar y cuando ella dijo Sí comprendieron perfectamente lo que quería.
-Oh -dijo el pancito Marraqueta-, es divertido mirar por los oídos.
-Sí -dijo Lúa-, me encanta.
Y, desde entonces, Lúa no para de jugar.

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