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Descubre la historia de Emilia y su nueva amiga.

Hace unos dí­as me estaba lavando, cuando de repente apareció Emilio. Llevaba algo entre las patas que tiraba de un lado a otro. Sonaba como una pelotita pero no era una pelotita. Me llamó la atención porque conozco todos los juguetes de la casa y este era nuevo para mi. “¿Con qué juegas, Emilio?”, pregunté. Emilio paró las orejas y dijo: “Es mí­o, es mí­o”, y se fue corriendo, enojado. Se escondió bajo la mesa para jugar pero de repente se quedó dormido y se puso a roncar. Me acerqué a él, muy calladita y entonces me di cuenta que dormí­a sobre un montón de pedacitos de muñeca: cabezas, brazos y piernas. “Emilio”, maullé, “¿de dónde sacas esas cosas?”. Emilio se despertó asustado y me dijo: “Emi, son juguetes que caen del cielo. Me los enví­a el viejo pascuero”. “Pero si todaví­a no es Navidad”, le dije a Emilio. “Sí­”, dijo Emilio, “sino no caerí­an juguetes”. Emilio abrazó sus juguetes y les dijo: “Los quiero juguetes, los quiero mucho”.

Dejé a Emilio abrazado a sus juguetes y me fui al balcón y me acosté de guata para jugar con las hojitas que caí­an del gran arbolito que hay fuera de casa. Entonces escuché la voz de los niños de la casa de al lado. Paré las orejas, muy contenta porque me encantan los niños, pero me di cuenta que los niños no jugaban sino que peleaban. Un niño y una niña. El niño le decí­a cosas feas a la niña y la niña llamaba a su mamá. Me puse triste pero no podí­a hacer nada. Al llegar la noche me fui a mi escondite secreto y me dormí­, pero a los cinco minutos escuché unos ruiditos que vení­an del balcón. Me dio miedo pero fui valiente y partí­ hacia allá. “¿Quién anda ahí­?”, pregunté. De repente, algo se deslizó por entre las rejas. Pegué un gran salto por el susto y casi me quedo pegada al techo. Entonces escuché el llanto de la niña de la casa de al lado. Era muy chica, poco más que un bebé y habí­a metido sus manitas por en medio de las rejas. “Juguete”, dijo, “gatito”. Acerqué la nariz a los dedos de la niñita y luego fui donde Emilio.
El enanito dormí­a abrazado a sus pedacitos de juguete haciéndoles manitas y no querí­a despegarse de ellos. Era tan dulce que me dio pena quitárselos. De mi escondite secreto saqué una pelotita y la llevé donde la niñita. La niñita palpó la pelotita y luego la dejó caer. “No”, dijo, “muñeca”. Puse la cabeza de lado y moví­ la cola. Entonces la niñita me hizo cariño y se fue. Por la mañana fui con Emilio que habí­a hecho un castillo con sus juguetes y le dije: “Emilio, esos juguetes no te los trae el viejito pascuero. Son los juguetes de la niñita de la casa de al lado. Su hermano grande se los rompe y los tira para acá. Debes devolvérselos”. Cuando dije esto, Emilio se puso a llorar y luego se enojó y escondió todos los juguetes bajo la mesa para que no se los quitara. “Emilio”, le dije, “los juguetes no son tuyos, en serio”. “Sí­”, dijo Emilio, “me los trae el viejito”.
Me quedé todo el dí­a pensando en Emilio y en la niñita. Los dos querí­an mucho a los juguetes, pero eran de la niñita, no de Emilio. Pobre Emilio. No sabí­a qué hacer. Por la noche la niñita volvió a hacer ruido y yo fui al balcón. Le llevaba dos pelotitas que habí­a encontrado tras el sillón y se las regalé. “No”, dijo ella, “muñecas”. “Pucha”, le dije a la niñita, “lo que pasa es que…” Entonces apareció Emilio. Caminaba muy despacio, arrastrando todos los pedacitos de muñeca de la niñita. Los dejó caer junto a la reja del balcón y entonces la niñita los recogió y dijo: “gatito”. Emilio se quedó muy triste y yo le lavé la cara para consolarlo. Estaba muy orgullosa de él y se lo iba a decir cuando de repente la niñita metió las manos por entre la reja y dejó caer un pedacito de muñeca. Emilio recogió el pedacito de muñeca para devolvérselo a la niñita. “No”, dijo la niñita, “para el gatito, regalo”. “Wui”, dijo Emilio parando las orejas, y se puso tan contento que jugó con los dedos de aquella ñinita generosa y luego se fue de espaldas de pura alegrí­a. Hay que aprender a compartir. Y eso es lo que acaba de aprender Emilio gracias a la niñita. Ella es muy buena y como es chica sé que querrá jugar con nosotros. Yo espero que seamos grandes amigas. Ojalá que se integre a la pandilla.

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