La causa más adorable de Green Glass
10/07/2019
Día Mundial del Perro: 5 Perros que no son perros
17/07/2019

Una familia muy especial

 

Llovió toda la noche y al amanecer el gatito salió de debajo del perro y se trepó a su lomo para amasarlo.
—Buenos días, Papá perro, pareces sopa.
El gatito estaba totalmente seco, pero el perro estaba empapado por haber protegido al pequeño de la lluvia.
—Buenos días —dijo el perro—, y recuerda que no soy tu papá.
—Bueno, Papá perro. Hoy quiero aprender a hacer como tú.
—¿Y cómo hago yo?
—Así, guau, guau.
—Pero es que tú eres gato.
—¿Y cómo hacen los gatos?
—Miau, miau.
—Ay, que eres chistoso, Papá perro.
Papá perro había encontrado al gatito hacía un mes, dentro de un basurero. Era tan pequeño que en principió creyó que se trataba de un ratón, pero cuando se dio cuenta que era un gatito se decidió a protegerlo.
—Papá perro— dijo el gatito—, ¿en qué piensas?
—En qué haces muchas preguntas. Quédate aquí, mientras voy por comida.
Obedientemente el gatito se quedó en la caja que habían elegido de hogar, jugando a morderse la cola.
—No tardes, Papito perro.
—No, no tardaré y no soy tu papá.
El perro recorrió muchos basureros pero no encontró nada. Estaba acostumbrado a pasar varios días sin comer, pues había vivido casi diez años en la calle, pero el gatito necesitaba alimentarse con urgencia.
Bien entrada la tarde halló una caja de leche medio llena y con gran alegría se la llevó al gatito.
En el camino de regresó escuchó la voz de una gata joven que que le hablaba desde lo alto de un muro:
—Hola, ¿usted es Papá perro?
—Así me dicen, ¿qué necesita?
—Es que me contaron que usted puede decirme dónde está un gatito.
—¿Un gatito?
—Sí, un gatito que se me perdió hace un mes. Es muy importante que lo encuentre porque debo cuidarlo. Y es que ese gatito es mi hijo.
El perrito miró a la gata y sin soltar la caja de leche le dijo:
—Lo siento, pero no he visto a ningún gatito. Que tenga suerte.
Cuando Papá perro llegó donde el gatito, este se puso muy feliz. Ni siquiera miró la leche, sino que lo abrazó y colgado de su cuello, lo lavó sin parar.
—Te demoraste, Papá perro, pensé que te había comido un monstruo.
—Te traje leche.
—Es saludable, pero no importa; yo solo necesito a mi Papá perro porque cuando grande voy a ser un perro de verdad.
Llegó la noche y el gatito se durmió abrazado a su Papá perro. Y a pesar de que el perro tenía mucho sueño, no pudo dormir. Lamió los restos de leche del gatito y, con suavidad, lo colocó sobre su lomo.
—Tranquilo -le dijo.
La mamá del gatito estaba a menos de una cuadra, bajo un arbolito y al ver al perro sonrió esperanzada.
—Señora gata —dijo el perro—, ¿este es el hijo que perdió?
—Sí, pero le juro que no fue mi culpa.
—Lo cuidé lo mejor que pude, pero debe estar con su madre. Lléveselo, pero no lo despierte y dígale que su Papá perro lo quiere mucho.
—Se lo agradezco —dijo la gatita y, a punto de llorar, recogió a su hijo del lomo del perro, suavemente para no despertarlo.
Sin decir adiós, el perrito se alejó lentamente por aquellas calles mojadas.
Pero al llegar a la esquina, escuchó la voz del gatito:
—Papá perro.
—Hijito.
A media cuadra se abrazaron largamente y se dijeron adiós, recordando todos los momentos que habían compartido juntos.
—Te quiero mucho, Papá perro.
—No me olvides, pequeño, no me olvides.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *