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Un gatito descubre el amor

Yo estaba en mi escondite secreto cuando apareció un gatito, que mi humana había encontrado en la calle. El gatito estaba medio nervioso.
—Hola —me dijo—, ¿tú eres la Emilia?
—Si, ¿cómo te llamas?
El gatito dijo: “oh, la Emilia, la Emilia” y se puso a correr por toda la casa. Me extrañó su actitud pero seguí haciendo mis tareas. Estaba en eso cuando apareció el gatito, oliendo a shampoo.
—Hola —me dijo—, estoy limpito porque tu humana me lavó.
—Que bueno —le dije yo.
—¡Dijo que soy bueno, dijo que soy bueno!! —celebró el gatito.
Saltó de un lado a otro, súper contento y entoces me dio un papelito y desapareció. “Pero que gatito tan loco”, me dije yo.
El papelito tenía olor a gomitas de dulce y estaba todo arrugado. Lo dejé entre mis juguetes y cuando me disponía a salir a jugar apareció mi hermana Bambina.
—Hola Emi —me dijo—, ¿así que te dieron un regalo?
—Sí, un papelito
—Y…. ¿no tienes nada que decir?
—Sí, que huele a chichle.
—Ah, yo decía no más…. Lo que pasa es que el gatito está enamorado de ti.
Bambina me agarró con las patas para hacerme cosquillas, mientras yo forcejeaba para liberarme.
—Déjame —maullé y corrí a esconderme bajo el refrigerador y ahí me quedé escuchando las risitas de Bambina.
—Sal de ahí, Emi.
—No, me da verguenza.
—Pero Emi, ¿hasta cuando piensas estar escondida?
—Hasta el otro año. Chao.
Cuando Bambina se fue, salí lentamente del refrigerador. Me sacudí y estiré las patas. Pero al acercarme a mi escondite secreto me di cuenta que el gatito estaba ahí, conversando con Bambina. El gatito decía:
—Emilia es bonita, súper bonita y nos vamos a casar.
Mi hermana escuchó atentamente las palabras del gatito, mordiéndose la risa, y en lugar de decirle que era muy chico, lo alentaba a decir más leseras. Yo retrocedí en silencio pero, justo en ese momento, el gatito saltó hacia mi y me dijo:
—Hola Emilia bonita, ¿nos vamos a casar?
—Pero si debes tener dos meses —le dije y salí corriendo.
Regresé bajo el refrigerador. Estaba avergonzada. No quería que mis hermanos me molestaran y que el gatito me siguiera diciendo cosas tontas. Yo soy chica y nunca me voy a casar. No tengo tiempo, pues debo aprender muchas cosas y ejercitar mis músculos para ayudar a los animales en problemas.
Se hizo de noche y todos mis hermanos se fueron a acostar. El único que quedaba en el living era el gatito. Hacía mucho frío y me dio pena que siguiera ahí. Salí de debajo del refrigerador. El gatito estaba de guata jugando con un papel.
—Hola —me dijo—, sabía que vendrías, linda, hermosa.
—Anda a acostarte, gatito —le dije— brrrrr, hace mucho frío.
—No puedo porque tengo que cuidarte y regalarte papelitos, toma.
El gatito me dio el papelito que olía a jabón y sentí cómo jugaba con sus patas pequeñas de uñas chiquitas. De pronto acurrucó su cabeza junto a la mía y suspiró.
—Oye —le dije— yo no me puedo casar contigo, porque soy Súper Emilia y las súper héroes no pueden casarse. Sería peligroso para sus esposos, los podrían raptar para pedir rescate.
Me di cuenta que el gatito abría la boca bien grande.
—¿Tú eres súper Emilia?
—Sí, tengo una capa.
El gatito corrió hacia la pieza de mi humana, saltando así pim pim.
—Oye, gatito —le dije. El gatito regresó y sentí que me miraba con sus ojos de bolita. —Esa gatita que viste en la mañana, Bambina, es muy linda, ¿no te parece?
El gatito sacudió las patitas en el piso y me dijo:
—Siiii, es hermosa, hermosa, la amo, la amo.
Y entonces se fue corriendo, directamente hacia el zapato de Bambina.
Es una maldad la que hice, pero Bambina se lo merece por pesada.

 

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