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Todos los gatos merecen un hogar

Mi humana me llevó al veterinario y a la vuela pasamos a la jornada de adopción de Fundación Adopta. Una jornada de adopción es cuando los humanos adoptan a los gatos que buscan un hogar y es una ocasión muy hermosa.
Mientras mi humana conversaba con los adoptantes aproveché de recorrer todas las habitaciones del albergue, la habitación de los enfermos, de los nuevos, de los pequeños y la de los viejitos, que era la pieza más acogedora y silenciosa.
Mientras investigaba, varios gatitos pequeños pasaron corriendo a mi lado y se colaron a la pieza de los vejitos.
–Don Alfalfa, nos vamos –dijeron los pequeños.
En ese momento apareció un gato; venía del canil de los viejitos. Era don Alfalfa, el gato al que le hablaban los pequeños. Los gatitos le hicieron gracias y luego se pusieron a saltar a su alrededor.
–Don Alfalfa–le dijeron,–nos adoptaron, ¿podemos irnos?
–Claro que sí –les respondió don Alfalfa con su voz ronca– , la idea es que todos tengan un hogar.
Los gatitos se pusieron felices, le dieron un beso de nariz a Alfalfa y corrieron con sus nuevos humanos. Salvo uno, un gatito que apenas hablaba y que era del tamaño de un poroto.
–Don Alfalfa –dijo–¿por qué no viene con nosotros?
–No sé –le respondió Alfalfa–, parece que ningún humano me quiso llevar.
–¿Y por qué, don Alfalfa?
–¿Qué importa eso, pequeño? –le dijo Alfalfa–, ve con tu nueva familia.
Alfalfa le dio un saludo de pata y unas pataditas cariñosas. El pequeño se alejó lentamente pero repentinamente regresó y le di un fuerte abrazo a Alfalfa. El gatito lloraba y don Alfalfa le lavó los ojos, luego lo tomó del cogote y lo llevó con sus nuevos humanos.
Don Alfalfa regresó a su pieza para acomodarse en su cama de polar. Se había despedido del panciito que lo había elegido como papá y le había deseado buena suerte en su nueva vida. Pero yo sabía que estaba triste porque siempre llegarían nuevos amigos a lo que tendría que despedir.
–Don Alfalfa –dije–, ¿le gustaría tener un hogar para usted solito?
–Sí, claro, pero eso nunca pasará, porque los humanos no quieren a los viejos.
Me dio mucha pena y rabia y corrí hacia la entrada del albergue. Había un montón de humanos con sus nuevos gatos. Todos se iban a sus casas, felices, pero ninguno tenía espacio para don Alfalfa.
De repente, escuché que entraba una mamá con su hijo. Era un niño distinto a los demás, pequeñito y silencioso, muy tímido, uno de esos niños a los que les cuesta tener amigos porque prefieren jugar con su imaginación.
–Hola –le dije al niño en idioma gato. Y me colgué de sus piernas. El niño se rió mucho y me siguió, mientras yo corría hacia la habitación de don Alfalfa.
–Despierte, don ALfalfa, no sea flojo, haga gracias, persígase la cola.
A don Alfalfa le costó mucho despertar y cuando lo hizo bostezó con su boca sin dientes y se estiró mucho rato. Entonces pasó algo mágico, pues don Alfalfa caminó de puntillas donde el niño. Sentí que se miraban fijamente, como si se conocieran, como si fueran amigos. Y entoces el niño se puso las manos en los muslos y don Alfalfa se le encaramó hasta acomodarse en su pecho.
-Te quiero, gatito -dijo el niño.
Y así fue como don Alfalfa por fin tuvo un hogar.

 

2 Comments

  1. Avatar María Fernanda Sánchez dice:

    Que bella narración, en lo personal no tengo hijos y me encantan los animales son mis hijitos, toda la vida he recogido pequeños y viejitos de la calle. Pero creo que la humanidad cada día tiene menos corazón.
    Me gustaría si me permite copiar su narración y compartirla para tratar de llegar mas que al corazón a la conciencia colectiva apelando en que todos, absolutamente todos los seres de este mundo necesitamos amor, tal como señala tu historia maravillosa que a pesar de don alfalfa ser un papito sustituto temporal el también necesitaba amor y un hogar.

    Gracias y felicitaciones

  2. Avatar Viviana dice:

    No dejo de emocionarme con estos cuentos que de cierta manera son de verdad que pasa en la realidad,me gustaría que nunca sufrieran ni perritos ni gatitos ni otro animalito.espero mas historias.gracias.

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