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Pipo, el gatito con alas de cartón

Pipo es un gatito que vivía con su mamá en la calle. Nunca se separaban, corrían y jugaban juntos. Un día su mamá decidió atravesar la calle pues al otro lado había mucha comida. Le dijo a Pipo que lo esperara y cruzó. “Vuelve pronto”, le dijo Pipo a su mamá, y la esperó en la vereda. Pero su mamá no pudo llegar al otro lado…
Cuando encontraron a Pipo lo trajeron a mi casa. El pequeño lloraba pues no podía olvidar cómo había perdido a su mamá. Y es que lo había visto todo y no podía con tanto dolor.
Pipo siempre estaba en un rincón y cuando algún pancito se le acercaba, se cubría la cara para que no lo vieran llorar. Estaba tan triste…
“Pipo”, le dije un día, “tu mamá está en el cielo, que es un lugar lleno de paz, donde sólo hay felicidad”.
“¿En serio?”, me dijo Pipo. Y por primera vez en semanas su tristeza se apagó un poquito. Lo que yo no sabía es que mis palabras lo impresionarían tanto.
Anoche dormía cuando escuché un gran ruido. Me levanté sobresaltada y descubrí a Pipo en la orilla del balcón.
“¿Qué haces ahí, Pipo?”, maullé, “baja o te caerás”.
“No me caeré”, respondió Pipo, “me hice unas alas de cartón y con ellas volaré al cielo con mi mamá”.
“No, Pipo, no lo hagas”.
Corrí a detener a Pipo pero me detuvo una ráfaga de viento. Era un viento fuerte y cálido que había aparecido por arte de magia.
“Emiliaaaaaa”, maulló Pipo, “estoy volandoooo”.
Me trepé al balcón y llamé a Pipo que continuó subiendo y haciendo remolinos. Me dispuse a salvarlo, pero el mismo viento que lo había elevado lo trajo de regreso.
Con sus alas de cartón rotas, Pipo corrió a su rincón para que nadie lo viera. Me acerqué a él y me di cuenta que lloraba.
“Pipo”, le dije, “siento que no hayas podido ir al cielo, pero es que no se puede ir de esa manera”.
“No, Emilia, sí que llegué al cielo. Y también vi a mi mamá. Se puso feliz de verme, pero me dijo que todavía no podíamos estar juntos. No entiendo, ¿por qué no podemos estar juntos?”.
“Porque todavía te quedan muchos años en este mundo. No llores, Pipo, tu mamá quiere que seas feliz”.
El viento entró por la ventana y se llevó las alas de cartón de Pipo, que se puso a saltar de alegría:
“Llévate mis alas. Seré muy feliz”.

 

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