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Pascalita y los tres pancitos

Hay tres pancitos nuevos en casa. Pancito Tiza, Pancito leche y Pancito sol. A ellos los separaron de su mamá y por eso mi humana les da leche en mamadera. Ella los cuida de día y, de noche, yo les cuento historias para dormir. Pero anoche tuve que partir a una supermisión, así que le pedí a Pascalita, la jefa de la pandillita, que los cuidara. Solo debía contarles historias.
Pascalita es muy responsable y preparó muy bien su historia, que estaba llena de magia y enseñanzas. Muy contenta de compartirla, se acostó en medio de los pancitos para narrar su cuento, que era muy entretenido. Pero cuando acabó de contarlo, ocurrió algo inesperado: los pancitos no estaban en su caja.
—Ayayay —se quejó Pascalita.
La pobre no se había dado cuenta de que los pancitos se habían marchado, pues es ciega y todavía no sabe usar muy bien sus otros sentidos.
—Pancito sol, Pancito leche, Pancito tiza —maulló—, regresen.
Pero los pancitos no le respondieron.
—Pobre de mi —dijo Pascalita—, así nunca me dejarán entrar a la pandilla y siempre seré pandillita.
Mi hermana recorrió toda la casa, con la nariz pegada al suelo, rastreando a los pancitos. De pronto alguien dijo:
—Hola Pascalita.
Pascalita paró las orejas, porque el que le había hablado era Pancito Leche.
—Pancito Leche —dijo Pascalita—, ¿dónde estás?
—¿Y dónde más voy a estar? —dijo Pancito Leche—, en la leche, pu.
Tenía todo el sentido del mundo. Pascalita corrió a la cocina y encontró al pequeño dentro de la bolsa de leche en polvo.
—Eres muy travieso, Pancito Leche —dijo Pascalita. Y lo regresó a su caja.
Entonces habló Pancito Tiza:
—Hola Pascalita.
—¿Dónde estás Pancito Tiza?
—¿Y dónde más voy a estar?— dijo el pequeño— En la caja de tiza.
Eso también tenía todo el sentido del mundo. Pascalita corrió al cuarto de dibujos de Bambina y encontró a Pancito Tiza en la caja de tizas.
—Eres muy mal portado —le dijo. Y lo regresó su caja.
Ya había encontrado a dos de los tres pancitos. A Pancito Leche en la bolsa de leche y a Pancito Tiza en la caja de tizas. Solo faltaba Pancito Sol, que obviamente estaría en…
—Hola Pascalita —dijo Pancito Sol.
—No puede ser —maulló Pascalita. Y se puso a bailar en el mismo sitio con las patitas en la espalda, de puro nerviosa que estaba.
—No me digas dónde estás —dijo Pascalita.
—Si no te digo no me vas a encontrar —respondió el Pancito Sol.
Sin perder tiempo, Pacalita se colgó de las cortinas para llegar al sol. Pero era inútil, porque el sol está demasiado alto.
—¿Quizás si me subo al árbol de Emilia podré llegar al sol?— pensó Pascalita.
Y corrió al patio. Se trepó a mi árbol, a toda velocidad, y entonces Pancito Sol volvió a hablarle.
—¿Qué haces, Pascalita?
—Debo llegar al sol para encontrarte. Ya estoy muy cerca así que salta, salta.
—Pero es que yo no estoy en el sol —dijo la voz de Pancito Sol.
—Pero si te llamas Pancito Sol —dijo Pascalita—, es obvio que estás en el sol.
—Ay, pero que lesa —refunfuñó Pancito Sol—. Ustedes están equivocados, yo no me llamo Pancito Sol, por eso no estoy en el sol.
—¿Ah, no? Y entonces, ¿cómo te llamas?
El pequeño pancito le reveló a Pascalita su verdadero nombre y entonces mi hermana se sintió muy aliviada. Corrió a la cocina y encontró al pequeño entre los platos y los cubiertos.
—¿Por qué no nos contaste que no te llamas Pancito Sol? —preguntó Pascalita.
—Sí se los conté, pero ustedes nunca escuchan. No soy Pancito Sol, ¿cómo voy a ser Pancito Sol, eso es tonto? ¡Soy Pancito Bol, Pancito Bol!
Tenía todo el sentido del mundo.
Y así fue que Pascalita pudo cuidar a los tres pancitos de nombres chistosos. Pancito Leche, que se había escondido en la leche, Pancito Tiza, que se había escondido en la caja de tiza y Pancito Bol, que se había escondido en un bol. 🧚🏻‍♀️

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