Olivia cuida al bebé

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Olivia cuida al bebé

El veterinario le dijo a mi humana que debía sacar a pasear a Olivia porque está muy gordota, entonces, mi humana la llevó donde su amiga, la mamá del bebe humano. Cuando llegaron, esta les dijo que no debían hacer ruido porque su bebe estaba durmiendo, así que ella y mi humana se fueron a la cocina y dejaron a Olivia descansando en la pieza del bebe.

La pobre Olivia se sentía muy cansada por el viaje y como le dolían sus patitas de pollo se echó junto a la cuna del bebe. “Hola”, le dijo en voz bajita, “ahora voy a dormir una siestecita”, pero apenas Oli apoyó su cabeza en el sueño el bebe abrió sus grandes ojos, estiró las manos buscando a su mamá y se asomó entre las rejas de la cuna. “Jijiji”, rió al ver a Olivia. Olivia se despertó porque las manitas del bebé le escarbaban el lomo. “Hey”, le dijo Olivia, “regresa a tu cuna”. Lo empujo con la nariz pero el bebé gateó a un rincón. “Guf”, le dijo Olivia y se fue a la cocina a buscar a su mamá.

La mamá del bebé estaba tomando café con mi humana, Olivia les ladró para llamar su atención pero mi humana le dijo “¡Hola, Olivia! Que bueno verte despierta. “Ay”, dijo Olivia y regresó a la habitación del bebé.  Grande fue la sorpresa cuando se dio cuenta que ¡el bebé no estaba por ningún lado! Olivia lo buscó bajo la cuna, en el ropero y como no lo encontró regresó rápido a la cocina ladrando. “¿Qué le pasa?” preguntó la amiga de mi humana. “Es que está viejita” le respondió ella. Cuando Olivia se dio cuenta que no podía contar con las humanas regresó a la pieza y vio que el bebé estaba sobre el ropero. “Pero ¿¡Cómo te subiste ahí!?”, preguntó, “baja que te puedes hacer daño”. El bebé la miro sonriendo y comenzó aplaudir. “¡Baja te dije!”, pero el bebé seguía sin hacer caso. Olivia se subió  a una silla para rescatar al pequeño pero antes de que pudiera alcanzarlo, el bebé le dijo una palabra que acababa de inventar y gateó hasta el borde del ropero. “¡No!”, ladró Olivia otra vez.

El bebé saltó del ropero y cayó sobre unas almohadas, estaba muerto de la risa. “¡Uf!”, dijo Olivia aliviada, “eres un bebé con mucha suerte”. Agarró al bebe por el pijama y lo regresó de inmediato a su cuna. “Bien”, le dijo al bebe, “voy a dormir, pero quédate tranquilito”. El bebé la miró con sus ojos dulces y Olivia no se pudo resistir así que le sonrió. Confiada en que el bebé se portaría bien, mi hermana se durmió.

De repente despertó con un mal presentimiento, miro hacia la ventana de la pieza ¡y se dio cuenta que estaba abierta!, “oh, no” ladró asustada. Olivia apoyó las patas en la ventana pero no veía al bebé por ninguna parte. “Te encontraré amiguito”, dijo Olivia y trepó por la ventana, estaba a punto de salir a la calle cuando el bebé le mordió la cola. “¿Dónde te habías metido?”, preguntó le preguntó, “Eres un bebé muy escurridizo, pero el jueguecito se acabo”. Nuevamente tomo al bebe con delicadeza y lo regresó a la cuna, lo arropó y le pasó un cascabel para que se entretuviera. El bebé sacudió el cascabel y estiró la boca para besar a Olivia, la abrazó muy dulcemente y apoyó su carita en el cuello esponjoso de ella. “Bueno”, dijo Olivia, “ahora suéltame”. Pero el bebé se había dormido.

Cuando mi humana y su amiga regresaron a la habitación para ver si todo estaba bien, Olivia estaba quietecita para no despertar al bebé. Parecían dos seres de cuento como esos amigos mágicos de toda la vida que dormían un hermoso sueño.

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