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Mirando el mundo como es de verdad

 

Aquella mañana Emilio despertó muy temprano por el canto los pájaros y salió al patio a saludarlos.
“Hola pajaritos”, dijo y trepó a un árbol para estar más cerca de ellos. Movía su patita como aquellos gatos de las tiendas y los pajaritos se le acercaban sabiendo que no les haría daño.
“Me gustan sus colores”, les dijo Emilio, “son bonitos y me alegran en invierno”.
Escuchó que su humana lo llamaba a comer y corrió a la cocina. Su plato estaba lleno de granitos de pellet, que Emilio contó pacientemente.
“Uno, dos tres, cuatro, muchos”, dijo y luego se comió toda la comida.
Aquella mañana no solo vio los pájaros, también vio el cielo, los árboles, el sol y todas las cosas que le alegraban.
“Que lindo es todo esto”, dijo Emilio, con la cabeza apoyada en el suelo, “me encanta”.
Rodando sobre sus rueditas apareció Carrito y al ver a Emilio tan tranquilo le dijo:
“¿Qué estás haciendo, hermano?”.
“Estoy jugando”.
“Pero si estás tranquilo y tú nunca estás tranquilo”.
“Sí, porque soy travieso”.
“¿Y entonces, a qué juegas?”.
“A un juego superdivertido, Carrito, estoy jugando a ver”.
“¿Y cómo se juega a eso?”.
“Bueno, diriges tu carita al cielo y haces como que ves el sol y luego haces lo mismo con las cortinas de la casa y con todo lo demás”.
“¿Y funciona?”.
“Claro que sí y es mucho mejor que ver de verdad. ¿De qué color es el sol?”.
“Amarillo”.
“Error, es blanco con rojo. ¿De qué color son los tomates?”.
“Rojos”.
“No, son azules”.
“Nunca me había dado cuenta, Emilio”.
“Eso es lo bueno de jugar a mirar, porque uno puede pintar el mundo con la imaginación que es así de grande,infinita”.
“Me gusta tu juego”, dijo Carrito, “¿de qué color soy yo?”.
“Tú eres de todos los colores, amarillo, azul, verde y de color manzana”.
“O sea que soy como una caja de témpera”, maulló Carrito y muy feliz se puso a rodar por el living.
Carrito giraba sobre sus rueditas con gran alegría, pero Emilio veía algo muy diferente. Lo veía saltar con aquellas patitas que hacía tanto tiempo había perdido, lo veía correr y trepar, lo veía completo. Y es que, aunque Emilio no tenga ojos de verdad, puede ver a todos los seres del mundo como realmente son.

 

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