Julio será un gran mes para los fans de las series de Netflix
01/07/2019
Tips infalibles para cultivar tu estilo y estar a la moda en invierno
08/07/2019

Los perritos también pasan frío

Ayer mi humana me llevó al vetedinario para control. Al regresar a casa, pasamos junto a una casa donde había un perrito. Tenía la cabeza apoyada en el piso de cemento y vivía en un patio muy pequeño.
“Hola”, le dije.
En lugar de saludarme, me ladró, pues eso es lo que hacen los perros cuando ven a un gato. Cuando el perro terminó de ladrar volvió a apoyar su cabeza en el cemento.
“¿Cómo se llama?”, le pregunté.
“Me llamo perro”, me respondió.
Entonces me contó su historia. No había mucho que contar, pues don Perro había vivido desde cachorro en aquel espacio reducido.
“¿Tiene alguna mantita para pasar el invierno?”, le pregunté.
“No”, me respondió, “mi humano dice que los perros no necesitamos mantas”.
A la noche comenzó a llover y me sentí muy triste por don Perro. Lo imaginé persiguiendo aquellos truenos que salen del cielo, mojado y con frío. Pobre Don Perro, ni siquiera tenía un amigo.
Recogí una mantita, la enrollé bien y con la imaginación me convertí en SuperEmilia. Mientras todos dormían, salí por la ventana y recorrí las calles hasta encontrar la casa de don Perro.

Don Perro dormía sobre una poza de agua, junto a la ventana de su amo y al verme se sacudió el agua que le había caído durante la noche. “¿Qué haces aquí?”, me preguntó.
Metí la cabeza por entre la reja de su patio y le dije:
“Don Perro, vengo a invitarlo a mi casa”.
“¿Y por qué?, me preguntó.
“Porque en mi casa tendrá un gran patio para jugar, lo sacarán a pasear y lo mejor de todo es que nunca pasará frío”.
Don Perro se acercó a mi y noté que caminaba lento y que era muy frágil.
“Eso que me cuentas parece bueno”, me dijo, “pero nunca dejaré a mi humano, lo amo y debo protegerlo”.
Un trueno estalló en el cielo y Don Perro sacó la nariz por las rejas. Se la toqué con la pata, la tenía mojada y fría.
“Don Perro”, le dije, “cuando sienta que sus huesitos ya no pueden más, aúlle muy fuerte y vendremos a buscarlo”.
“Así lo haré, amiga”, me respondió.
Metí la mantita por debajo de la reja y escuché como se acomodaba en ella para pasar la noche.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *