La visita de Bambina

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La visita de Bambina

Ayer supe que Bambina vendría a visitarnos, me puse tan feliz que dejé su zapato y todas las cosas que le gustan en el living para cuando llegara.
—¡Ya viene Bambina! —le dije a Carrito muy emocionada—. Te vas a morir de la risa con sus chistes.
Entonces golpearon la puerta y mi humana fue abrir. Paré las orejas y corrí para recibir a Bambina.
—¡Bambi! —maullé—, ven para que conozcas a Carrito.
Pero Bambina se quedó quietecita, escondida en la mochila de Camilo.
—Amaneció un poco rara —me dijo Camilo—, no sé qué le pasa.
Camilo se sentó en el sillón y abrió su mochila. Entonces Bambina sacó la cabeza y me dijo:
—Hola, Emi. Me resfrié.
Carrito olfateó a Bambina y dijo:
—Parece que no es tan divertida como dices. —Y rodando se fue a jugar.
Me enojé un poquito, pero me hice la loca y no le dije nada.
—Emi —dijo Bambina—, la mamá de Camilo me dio un remedio y si no me curo me llevará al veterinario para que me pinche.
Bambina tenía razón: si no te curas con jarabe te ponen un montón de inyecciones en la cola.
—No te preocupes, Bambina, yo te voy a curar.
Le pedí a Camilo que fuera por paños fríos. Camilo fue a la cocina, recogió el trapero que mi humana usa para limpiar el piso y lo mojó en el plato de agua de Olivia.
—Bien, Camilo —dije—. Ahora hay que envolver a Bambina con el paño para que se le mueran los micobrios.
Camilo envolvió a Bambina y la pobre se puso a estornudar.
—Tengo frío, Emi.
Le dije que tenía que aguantarse un rato para que los micobrios se congelaran.
—Bueno ya —dijo Bambina, pero entonces se puso a tiritar—: Emi, me siento un poquito peor.
—Hmmm —dije—. A lo mejor el paño tenía que estar seco.
Le quitamos el paño frío y la envolvimos con las mantitas que guardo en mi escondite secreto. Ahora Bambina parecía una humita, pero era importante mantenerla quieta para que los micobrios se aburrieran y salieran corriendo.
—Emi —dijo—, tengo calor.
—Ya, pero ¿sientes que los micobrios se están yendo?
—No, no mucho.
—Bueno, ya —dije—. Cuando mi humana se resfría se pone una crema que huele a menta.
—Debe ser pasta de dientes —dijo Camilo.
Camilo corrió al baño y regresó con un tubo de pasta de dientes que esparció sobre Bambina. El pelo le quedó tieso y me picó la nariz por el olor.
—¿Cómo te sientes, Bambina? —le pregunté.
—Me siento fresca y limpia, pero no creo que se me hayan ido los micobrios.
Ya no sabía qué más hacer con la pobre Bambina. Se me habían acabado las ideas y a Camilo también. Entonces llegó Carrito y yo dije ¡ambulancia, ambulancia! Carrito se detuvo, dijo ¡uuu, uuu!, y Camilo subió a Bambina sobre Carrito, que se puso a dar vueltas con la enana hasta que se aburrió y se fue.
Cuando mi humana terminó de ver su programa de televisión, salió de su habitación y se puso a gritar porque Bambina estaba envuelta en paños y llena de pasta de dientes. Se llevó a Bambina a su pieza para limpiarla y darle medicamentos de verdad. Y para variar me echó la culpa. Me fui a mi escondite secreto, muy triste, porque Bambina no se había curado y me costó mucho dormir.

Por la mañana me despertó una pata:
—Hola, Emi, ¡juguemos!
¡Era Bambina! Mi hermana corrió por el living vuelta loca y yo me puse de pie para perseguirla, pero entonces estornudé y me dio mucho frío.
—No puedo jugar, Bambina. Parece que me pegaste los micobrios.
—Bu —dijo—, lo que es yo, me siento súper. Parece que vamos a tener que curarte. Espérame: voy por los paños y la pasta de dientes.
Ojalá que Bambina se apure, porque me siento muy mal.

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