Emilio enamorado
14/12/2017
Carrito en el refrigerador
14/12/2017

La señora paloma

Todos los días nos viene a visitar una paloma. Se sienta por fuera de la ventana, mueve las alas y yo escucho como se picotea las plumas. Yo no sé cómo son las palomas pero me han contado que son unos animalitos que vuelan y hacen cru cru. Hoy por la mañana, cuando vino la paloma, Chonguito se paró por dentro de la ventana a gruñir y hacer ruidos raros con la boca. La paloma lo ignoró y siguió matándose los piojos, diciendo cru cru. Estuvo así mucho rato y Chonguito estaba vuelto loco, pero mi humana lo llamó a almorzar y se fue corriendo.
—Señora paloma —le dije —disculpe a mi hermano. Seguro que no quiso decir todos esos disparates. Aquí queremos a las palomas. Y para que vea que soy sincera la invito a vivir a mi casa.
La Señora paloma se rió y me dijo:
—¿Yo?, ¿vivir en casa de gatos? Estás loca.
Me puse triste y me pasé el resto del dí­a junto a la ventana esperando que regresara, mientras las hojitas volaban, pensando en lo que me había dicho. Y en la noche escuché que algo acariciaba los vidrios, diciendo cru cru. Era la Señora paloma.
—Hola gata—me dijo —¿todaví­a sigue en pie tu oferta?.
—¿Quiere vivir en mi casa, Señora paloma?
—No, pero necesito ayuda. Hace un rato estaba durmiendo en un poste y cuando alcé el vuelo me dolió mucho la pata. Entonces me di cuenta que se me habí­a enredado en un hilo y ahora no tengo pata.
—¿Está cojita, Señora paloma.
—Sí.
Imaginíé a la Señora paloma sin una de sus patitas y me dio tanta pena que casi me pongo a llorar. Corrí­ donde mi humana, apoyé mis patas en sus piernas maullando y corrí­ hacia la ventana para que me siguiera.
La paloma estaba rodando por fuera de la ventana diciendo cru cru. Mi humana se dio cuenta que estaba herida y abrió la ventana. La paloma se agitó con miedo, pero mi humana la atrapó y la llevó hacia su pieza. Chonguito rasguñó la puerta haciendo ruidos con la boca y me preguntó:
—No me digas que la paloma está dentro.
—¿Qué tienes contra la pobre Señora paloma? —le pregunté.
—Nada, pero es que los gatos comemos palomas
—Yo no como palomas.
—Pero comes pollo, vaca, pescado. ¿Se qué crees que hacen el pellet?
No supe qué decir y sacudí­ la cabeza confundida. Nunca lo habí­a pensado y es que mi humana es vegetariana.
Más tarde llegó el vetedinario y se encerró con mi humana y la Señora paloma. Yo me quedé tras la puerta para saber cómo estaba, pero no entendí­ nada porque el vetedinario siempre dice cosas enredadas. Cuando el veterinario se fue mi humana lo fue a dejar al vedículo y yo me colé por la puerta. La Señora paloma estaba acostada en una cajita, diciendo cru cru.
—¿Cómo se siente Señora paloma?— le pregunté.
La Señora paloma se sacudió en la cajita, muerta de miedo. Entonces me sentí­ extraña, los dientes se me movieron solos y la boca se me llenó de saliva. No, Emilia, me dije, no, no y no.
—Yo no me la pienso comer, Señora paloma —le dije.
—Bueno, gracias— me dijo ella.
—No me la voy a comer porque soy vegetariana… Eso creo.
Entonces la Señora paloma me acercó una de sus alitas diciendo cru cru y se quedó dormida.
He estado todo el dí­a sin comer y estoy muerta de hambre, pero cada vez que huelo el pellet me imagino a un pescadito, a la Señora paloma o incluso a la misma Bambina. Y yo no me comerí­a a Bambina ni loca aunque fuera muy rica y viniera en un saco de pellet. Ahora voy a comer plantitas.

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