Te invitamos a revisar las imágenes de lo que fue la jornada de Cine bajo las estrellas.
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La navidad de Carrito


Carrito es uno de mis hermanos favoritos. Él no tiene patitas así que usa un carrito con el que rueda por todas partes. Es muy feliz y gracias a sus rueditas es el gato más rápido del mundo. Aye mi humana me llevó al vetedinario, así que Carrito tuvo que encargarse de los pacitos, mis hermanos pequeños. Y esto fue lo que pasó:
Carrito los reunió y les dijo: “pequeños, jueguen todo lo que quieran pero no hagan cosas locas”. Los pancitos levantaron sus patas a modo de juramento y entonces Carrito sonrió y se acostó en medio del living.
Los pancitos jugaban, se mordían las patas y bailaban, y como no hacían ninguna locura, Carrito se durmió. Soñaba con cosas de gato cuando de pronto un pancito le pasó por encima, corriendo como loco. “¿Qué pasa?”, preguntó Carrito. Levantó la cabeza y vio a todos los pancitos sobre la mesa, saltando como si quisieran llegar al cielo. Carrito rodó hacia la mesa y vio que justo encima del árbol de pascua había un agujerito. “Carrito”, dijeron los pancitos, “uno de nuestros hermanos se metió al entretecho y no sabe cómo bajar”.
Aquel pancito había trepado por el árbol de pascua pero ahora el árbol estaba en el suelo y no había forma de rescatarlo. “Vamos”, dijo Carrito, “ayúdenme a levantarlo”. Entre todos los pancitos levantaron aquel gran árbol y uno de los pancitos trepó para rescatar a su hermano. Pero cuando se metió por el agujerito se asustó y, en lugar de ayudarlo se puso a llorar y ahí se quedó.
“Yo voy por mis hermanos”, dijo otro pancito. Y sin que nadie pudiera detenerlo trepó, pero solo consiguió quedar atascado. Cuando el tercer pancito se preparaba para trepar por el árbol, Carrito le puso una pata encima y le dijo: “yo soy el hermano mayor. No dejaré que te quedes atascado”. Entonces retrocedió y con los dientes se sacó su carrito. Los pancitos nunca habían visto a Carrito sin su carrito y les dio mucha pena verlo así. Corrieron a ayudarlo pero Carrito les dijo que no. Y, arrastrándose con sus patitas flojas, se encaramó por el árbol de pascua.
Le costaba mucho subir pues sólo se valía de sus patas delanteras, aunque pronto se dio cuenta que podía ayudarse con los dientes. Y así, subió, muy concentrado, mientras los pancitos lo miraban, impresionados. “Eres nuestro héroe”, le decían, y se abrazaban de puros nervios.
Cuando Carrito estaba a punto de llegar a la estrella pasó algo inesperado: el árbol se torció como un elástico y Carrito quedó colgando. “No”, gritaron los pancitos, “no te caigas”. Carrito se estaba yendo de lado con árbol y todo. Las campanadas crujían y todo se bamboleaba. El pobre Carrito ya no podía sostenerse. Entonces, cuando ya se veía en el suelo, la mano de un pancitos salió desde el agujerito para ayudarlo. “Te tengo”, dijo el pequeño, “te tengo y no te caes”. Carrito sonrió y tomó la mano del pancito, haciendo fuerza hasta que el árbol se enderezó. “Vamos”, le dijo Carrito al pancito, “baja, no te asustes, yo te ayudo”. El pancito asomó su cabeza y Carrito lo mordió por el cuello como hacen las mamás gato para ayudarlo a bajar.
Cuando Carrito bajó a todos los pancitos, estos le dijeron: “Vamos, ahora baja tú”. Pero Carrito había trabajado mucho y estaba cansado. “Esperen un poquito”, dijo. Reunió fuerzas y cuando estaba listo para bajar miró el suelo, se mareó y el árbol se vino abajo.
El árbol se había hecho pedazos en el suelo y no había rastro de Carrito. Los pancitos revolvieron todo, muy trises, porque pensaban que Carrito se había roto, igual que los adornos. Y cuando estaban a punto de echarse a llorar, se movieron unas ramas. Carrito estaba en medio de unos angelitos de plástico y sacó una pata. “Estoy bien”, dijo. Y los pancitos lo desenredaron muertos de la risa y prometieron no hacer más leseras
Cuando llegué del vetedinario, los pancitos rodaban sobre las pelotas del árbol de pascua y mi humana casi se desmaya por el desorden. Yo sospechaba que era culpa de los pancitos, así que fui donde Carrito que estaba en el balcón. “¿Cómo te fue con los pancitos?”, le pregunté. Carrito me pasó una pata sobre el hombro y me dijo: “tú sabes como me fue, hicieron tonteras y casi me vuelven loco, pero estoy contento porque ahora soy Súper Carrito”. Cuando Carrito dijo esto se puso a reír y me invito a subirme a su carrito. Y entonces jugamos durante el resto del día, muy felices, pero no invitamos a los pancitos, porque son muy desordenados.

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