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La aventura de una gatita ciega

Camuli era una gatita ciega que vivía junto a su familia humana. Era muy feliz, hasta que un día sucedió algo extraño. A pesar de que era buena para comer, se puso gorda y le dio por buscar escondites en los que refugiarse. Y como no encontraba ninguno, decidió salir de casa, sin avisarle a nadie.
Recorrió varias cuadras y cuando dejó de percibir los aromas que conocía, comprendió que se había perdido. Intentó regresar a casa, pero solo consiguió alejarse más y pronto llegó a un lugar muy extraño.
Era aquel un sitio vacío en el que había muchas máquinas de esas que construyen edificios.
-Bueno -se dijo Camuli-, pasaré la noche aquí y seguro mañana vendrán a buscarme.
Pero por la mañana no aparecieron sus humanos, sino un grupo de constructores que, encendiendo sus ruidosas máquinas, comenzaron a trabajar.
-¿Qué es esto? -maulló Camuli asustada. Y corrió sin rumbo hasta caerse a un hoyo.
Saltó pidiendo ayuda, pero al sentir que su barriga se agitaba más de lo normal, decidió quedarse quieta, pues algo le decía que debía estar en calma. Y así fue que la pobre gatita perdida pasó su primera noche en la calle dentro de aquel agujero frío y solitario.
-Pensándolo bien, este es no es un mal escondite- se dijo Camuli.
Se acurrucó bien y, al sentir que alguien bajaba por su barriga, comprendió lo que ocurría.
-Voy a ser mamá -dijo Camuli.
Y era cierto, pues tres gatitos pelados subieron por su barriga, buscando su calor y su leche.
Camuli, la gatita ciega, protegió a sus pequeños del frío y de los peligros de la noche. Y estaba tan feliz por el nacimiento de sus pequeños, que no se dio ni cuenta cuando se hizo de día y los trabajadores regresaron.
El ruido de las máquinas y el ajetreo de los trabajadores asustaron a Camuli, quien escondió a sus pequeños, dispuesta a defenderlos. Pero sin duda, lo que más la aterró fue el ruido de aquella máquina que estaba a punto de cubrir con tierra su refugio.
-No- maulló Camuli en idioma de gato.
Y entonces, ocurrió un milagro, pues el señor que manejaba la máquina, la vio y, deteniendo su trabajo, sacó a la gatita del agujero, sin olvidar a sus pequeños. Sucedió que aquel humano cariñoso metió a Camuli en una cajita y entonces ella y sus gatitos pasaron de mano en mano hasta llegar a mi casa.
Camuli es una gata ciega igual que yo. Nació sin ojos y ve el mundo con sus bigotes orejas y nariz. Ahora está en una pieza junto a sus gatitos y cada vez que mi humana entra a darle comida, la pobre se estira enseñando orgullosa a sus cachorros. Yo estoy segura que nos haremos grandes amigas y que nos contaremos nuestros trucos que nos permiten observar el mundo sin necesidad de ojos. Me siento muy feliz de tener una nueva hermana. Y más aún se ser tía.

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