Emilio entrena a Borja para ser jedi

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Emilio entrena a Borja para ser jedi

Hola, soy el Emilio y les quiero contar que la Emi me retó por culpa de Borja, ahora les voy a comentar por qué. Todo empezó cuando anoche le dije al pequeño Borja: “Pequeñí­n, mañana será un gran dí­a, te despertaré con el canto de los pajaritos para que comencemos con tu entrenamiento jedi” “¡Bueno, ya!”, me dijo Borja, “pero ¿qué es un entrenamiento jedi?”. “Ay, que eres tonto”, le dije, “entrenamiento jedi es cuando te entrenan para ser un jedi”. “Ah, que bien”, respondió Borja. Entonces estiré una pata y me puse la mitad de la capa de la Emilia y la otra se la di a él. “Con esta capita seremos súper jedis, pero no le digas a la Emi”. Después lo mandé a que se acostara y así ambos nos fuimos a dormir.

Estaba de lo mejor soñando con pelotas y tomates cuando apareció Borja: “Jefe, Emilio, despierte”. “Ayayaya”, maullé yo, “¿qué pasa?”. “Que me desperté tempranito para comenzar mi entrenamiento jedi”. Me cubrí­ la cabeza con las patas y le dije: “Déjame dormir un ratito”. “No, no, no, no”, dijo Borja emocionado. Traté de salir arrancando pero Borja me agarró de la cola y me tuve que levantar igual. “Bueno”, le dije a Borja, “para ser un jedi lo primero que debes hacer es contar los pasos, igual que la Emilia y yo”. Bueno, me dijo Borja y se puso a saltar. “¿Qué estas haciendo?”, le pregunté. “Es que yo no sé contar”. “Ay, que eres leso”, le dije yo, “se cuenta así­: un tomate, dos tomates, tres tomates, muchos tomates”. “Ya”, me dijo Borja, “¿y qué tienen que ver los tomates?”. Moví­ la cabeza y le dije: “es que son redondos y se cuentan mejor”. “Entiendo”, me dijo Borja, “pero no quiero contar”. Y salió corriendo. “Yo te pillaré”, maullé, y partí­ tras él como un trencito chu chu chuchu.

Jugamos harto rato al trencito y después jugamos a los jedis y cuando nos dio hambre nos fuimos a comer. “Bien”, le dije a Borja, “esto se llama pellet o pellito”. “Si sé”, me dijo Borja. “Ah, pero lo que no sabes es que esto que está en el platito se llama agua”. “Sí­, también sé”, me dijo Borja. “Ah, pero es que tú lo sabes todo, sabelotodo”. Me dio rabia y le tiré un pellet y como no le achunté, Borja me dijo tonto y me dio pena así que me puse a llorar. “Te voy a acusar a la Emi”, le dije y corrí­ a su escondite secreto.
La Emi dormí­a su siesta y hací­a manitas en su polar. “Emi Emi”, le dije, “el Borja me dijo tonto”. La Emilia bostezó y luego nos olfateó a Borja y a mi. “Oigan”, dijo, “¿eso que tienen puesto es mi capa de súper Emilia?”. “¡Corramos!”, le dije a Borja. Lo agarré de la cola y lo llevé a la pieza de las arenas para que supiera dónde se hace pipí­. “¡Ay!” le dije a Borja, “esta Emilia se hace la santita, pero cuando se enoja…. oye, ¿qué estás haciendo?”. Borja habí­a dado vuelta la caja de arena y ahora la pieza parecí­a una playa de arena de gato. “Ay”, dije yo, “¿qué hiciste?”. “Estoy haciendo pipí­ de forma jedi”.

Me dio tanto miedo de que la Emi nos pillara que tome a Borja de una oreja y lo lleve a la pieza de nuestra humana. “Aquí­, dormimos”, le dije, “yo me acuesto en la cabeza de mi humana y por eso ronca”. “¿Qué es roncar?”, me preguntó Borja. “Es cuando duermes y haces rrrrrrr”. “No”, me dijo Borja, “eso es ronronear”. Entonces Borja se acostó de espaldas y se mordió las patas de atrás. “Estoy roncando”, me dijo, “roncando y ronroneando”. Y entonces se quedó dormido. Y como yo tení­a sueño también me quedé dormido.
“Un tomate, dos tomates, tres tomates, muchoooos tomates”. Yo estaba durmiendo de lo más bien, pero Borja me habí­a despertado. “Oye, deja de contar”, le dije yo. “No estoy contando”, me dijo, “es que en la cocina hay muuuchos tomates”. El pequeñí­n me mordió la oreja y me llevó a la cocina. Parece que mi humana habí­a llegado de ese lugar que ese llama feria porque en la cocina habí­a muchos tomates, tal como decí­a Borja. “Me encantan los tomates”, maullé, “porque son como pelotas”. Entonces salté al mueble de la cocina y Borja me siguió. Nos paramos sobre la bolsa de tomates para sacar los tomates y entonces le dije a Borja: “Pequeñí­n, hoy ha sido un dí­a muy bueno porque has aprendido muchas cosas “. “Yo no he aprendido nada”, me dijo Borja. “¿Cómo que nada, pequeño sabelo….?”. En ese momento la bolsa de tomates se rompió y los tomates salieron rodando. “Sálvame Emi”, dije yo, pero como la Emi no tení­a su capa de súper Emilia no alcanzó a salvarnos y nos caí­amos con los tomates.

Nos costó mucho salir de debajo de los tomates y cuando lo logramos, la Emi estaba ahí­. “¿Cómo les fue en su primer dí­a de entrenamiento jedi?”, preguntó. “Súper bien”, dijo Borja, “porque aprendí­ a contar tomates”. Ah, que lindo”, dijo la Emi, “¡entonces devuélvanme mi capa de súper Emilia, que ya no me quedan más!!!”. Nos sacó las capas a tirones y se fue enojada con la cola parada. Bueno, nos quitaron las capitas pero todaví­a nos quedan los tomates. Mañana seguiré enseñándole a Borja mas cosas de jedi. Y que la fuerza me acompañe.

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