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Emilio cultiva el jardín de los abuelos

Esta mañana me asomé al balcón a escuchar los sonidos de mi jardín. Escuché el canto de los pájaros, el sonido del viento y el revoloteo de las pocas abejas que quedan en nuestro mundo. Pero en medio de esa calma, hubo un gran alboroto. El ruido provenía del jardín de los vecinos. ¿Y saben quién lo provocaba? Pues Emilio.

“Emilio”, maullé, “regresa o tendré que ir a buscarte”.⁣

“No, no vengas”, dijo Emilio, “no tienes mascarilla ni guantes”.⁣

“Pero por qué estás en el patio del vecino?”.⁣

“Ay, pero que lesa”, dijo Emilio y corrió hasta el fondo del jardín. ⁣

No tuve más remedio que colarme al jardín vecino. No había recorrido ni la mitad, cuando apareció Emilio y me entregó una pala de juguete y tijeras. ⁣

“Y esto para qué es?”.⁣

“Es para cuidar el jardín de los abuelitos. ¿O acaso no sabías que los vecinos son abuelitos?” ⁣

Lo había olvidado; en la casa vecina vivía un matrimonio de viejitos que gustaban de arreglar su jardín. Pero como no podían salir, a causa del bicho malo que anda por el aire, lo habían descuidado. ⁣

“Que buena onda eres, Emilio”.

“Sí, voy a dejar el jardín super bonito para que cuando los abuelitos despierten diga: oh, que bacán”. ⁣
Podamos las flores, cortamos el pasto y regamos los árboles de aquel bello jardín. Y luego cultivamos tomates, manzanas y peras, para que los abuelitos tuvieran qué comer, sin tener que salir de casa. Y es que a aquellos abuelos ya nadie los visitaba, ni para hacerles las compras. ⁣

“Emi”, me dijo Emilio, “¿crees que los tomates crezcan de aquí a mañana para que los abuelitos puedan hacer salsa de tomates?”. ⁣

“No lo sé, pero si no crecen, nosotros se los compraremos en el supermercado”. ⁣

Nos disponíamos a regresar a casa, cuando una triste abejita se posó en medio del jardín. “Abejita” dijo Emilio y corrió a saludarla. Pero no alcanzó porque la abejita despegó. ¿Y saben qué ocurrió entonces?, que los frutos que habíamos cultivado florecieron mágicamente y el jardín de los abuelos se convirtió en una granja. ⁣

“Que bonito”, dijo Emilio.⁣

“Así es, hermano. Ahora debemos volver a casa antes de los que abuelos despierten”. ⁣

Y agitando nuestras palas y tijeras nos alejamos del mágico jardín de los abuelos.

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