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Emilio y Borja hacen travesuras

Emilio y Borja al igual que yo son ciegos pero son muy felices, juegan todo el dí­a y hacen muchas travesuras. Se suben a las cortinas y siempre están inventado locuras para que hagan los pancitos pero hoy se pelearon.

Resulta que estaban conversando leseras en el balcón cuando de repente Emilio dijo: “Borja, ¿sabes de qué color es el sol?”. Borja le respondió “claro que sí­, es rosado”, como Emilio también pensaba que el sol era rosado se dieron un saludo de pata y se dijeron “¡compadre!”. Luego Borja le preguntó a Emilio qué forma tení­a el sol, Emilio le comento que era cuadrado y Borja le dijo que tiene forma de triángulo. Los enanos discutieron mucho sobre quién llevaba la razón y como no lograron llegar a un acuerdo se separaron. “No te quiero, Borja” dijo Emilio. “Y yo tampoco te quiero a ti, enanito cuadrado”, dijo Borja y ambos se fueron por direcciones opuestas.

Cada enanito se llevó a sus pancitos preferidos para hacer su propio grupo, Emilio se quedó con Pancito con mermelada y Pancito con palta mientras que Borja con Pancito tostado y Pancito crudo. Emilio y Borja no querí­an saber nada del otro, pero los pancitos no tení­a nada que ver, por eso era chistoso cuando alguno de los pancitos de Emilio seguí­an al grupo de Borja o vice versa.

Lo más loco de todo es que aunque no lo reconocían Emilio y Borja se extrañaban mucho, por ejemplo cuando emilio jugaba a la pelota con los pancitos se confundí­a y decí­a: “ya Borja, te toca a ti”, luego se avergonzaba mucho, lo mismo le pasaba al pequeño Borja, en el fondo ninguno de los dos querí­a estar peleado pero eran demasiado orgullosos para reconocerlo. Los más perjudicados de todos eran los pancitos, que estaban muy tristes ya que no los dejaban reunirse con el resto de sus hermanos por eso me decidí­ a intervenir.

“Pancitos”, dije, “vengan que tengo un plan para reunir a estos dos”. Los pancitos escucharon mi plan con las orejas paradas y se pusieron en acción. Lo que pasó fue esto: Emilio estaba colgado de una cortina diciendo wuiiii, wuiiii, cuando de pronto un pancito le dijo: “¡Emilio, Emilio! necesitamos de tu ayuda, hay un pancito en peligro”. Emilio dijo: “¡súper Emilio, al rescate!”, y corrió para ayudar al pancito. Entonces el pancito lo llevó al baño y le cerró la puerta. Resulta que en el baño también estaba Borja, a quien también habí­an encerrado con la misma excusa. Cuando se encontraron, Emilio dijo: “Ah, no, Borja no, el sol, tiene forma de triangulo” dijo imitándolo. “No”, le respondió Borja, “el sol, tiene forma de cuadrado” imito a Emilio. Y así­ volvieron a discutir. Estuvieron toda la mañana rasguñando la puerta para que los dejáramos salir. Los pancitos estuvieron a punto de abrirles pero yo les dije que tuvieran paciencia.
Ya era de noche pero Emilio y Borja seguí­an peleando. “Bueno”, le dije a los pancitos, “será mejor que nos vayamos a acostar”. Metí­ unos granitos de pellet bajo la puerta del baño y les dije a los enanos: “aquí­ tienen comida por si les da hambre”. Y me fui. Entonces Emilio le dijo a Borja:
—Parece que no nos van a dejar a salir nunca.
—Tienes razón —dijo Borja—. Vamos a tener que ponernos de acuerdo con lo del sol.
—Si, hermano, diremos que el sol es como un pancito marraqueta.
Emilio se rió mucho y movió tanto las patitas que se cayó. Entonces Borja le persiguió la cola y se pusieron a jugar. “Hermano”, se decían, “eres el mejor”. “No”, tú eres el mejor. Cuando escuché que se habí­an puesto de buenas abrí­ la puerta del baño. “Nonono”, dijeron los enanos, “déjanos solitos, estamos jugando a los súper hermanos”.
Son las tres de la mañana y siguen jugando y eso me alegra mucho. El único problema es que no nos dejan dormir. Emilio y Borja son súper hermanos, los más alegres de la casa, pero espero sinceramente que se duerman pronto.

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