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Emilia y su amigo pescadito

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Emilia y su amigo pescadito

El fin de semana mi humana fue a la playa y como no podía dejarme en casa, me llevó con ella. Antes de llegar a la cabaña nos detuvimos en un lugar llamado restorant. Mi humana se sentó a tomar un jugo y me dejó a sus pies, dentro de mi caja de transporte. Yo no sabía dónde estaba pero escuchaba un gran rumor que sonaba chouuuuuu y que me tranquilizaba. Estaba todo fresquito y el aire era muy puro. "Hola", me dijo alguien. No tenía idea de que había alguien junto a mi, lo que es raro pues siempre percibo a los demás. "Hola", dije, "¿dónde estás?". "Aquí, junto a ti". El que me había hablado tenía la voz pequeñita y diferente, pero a mi me cayó bien. Saqué mi pata para tocarlo pero lo único que sentí fue una cosa fría y suave. "Esta es mi pecera", me dijo mi nuevo amigo, "y yo vivo dentro porque soy un pez". Yo tengo amigos vacas perros, palomas, etc, pero nunca había hablado con un pez. Me puse feliz y le pregunté por qué estaba en la pecera. "No sé", me dijo, "un día aparecí aquí. Pero es muy pequeña y no puedo nadar. Nado un poquito pero choco y entonces debo devolverme. Yo antes vivía en el mar que es un cosa muy grande echa de agua salada donde viven muchos peces. Ahí viven mis papás pero nunca más los veré porque estoy en la pecera". Pobre pescadito, vivía en una pecera que es lo mismo que vivir en una jaula. En las jaulas los animales son tristes, pues no pueden saltar, ni jugar, ni correr. Nadie quiere vivir en jaulas. "Pucha, amigo", le dije al pescadito, "me gustaría llevarte al mar pero no sé dónde está". Entonces el pescadito me dijo que el mar estaba junto frente a mis narices y que para llegar solo había que atravesar la playa. Pero que él no creía que lo dejaran salir pues sino no lo tendrían en la pecera.

Paré las orejas y cuando estuve segura de que mi humana no me miraba, saqué una pata por la puerta de mi caja de transporte y moví el seguro. Salí y metí una mano en la pecera. "Hey", dijo el pescado, "¿qué haces?". Cuando encontré al pescadito sumergí la cabeza en la pecera y me lo guardé en la boca. Sentí como se agitaba de miedo pensando que me lo comería pero, con la boca llena, le dije que se estuviera tranquilo. Escuché el mar y eché a correr.

En aquel luchar llamado playa había un montón de arena pero diferente a la arena de mi caja, pues está estaba caliente y quemaba las patas. Si no hubiera estado caliente habría sido divertido jugar con ella. De hecho, los humanos jugaban con ella a hacer castillos.

Yo estaba corriendo en dirección al mar, con los cachetes muy inflados, cuando de pronto escuché a mi humana. "Emilia, ¿dónde vas?". Me dio tanto miedo de que me pillara antes liberar al pescadito, que estuve a punto de tragármelo pero igual seguí corriendo.

Los pescaditos respiran igual que nosotros y, a pesar de que yo tenía la boca llena de agua, sentí que mi amigo se ahogaba. "No te asustes, pescadito", dije mientras el agua me chorreaba por la boca, "ya llegaremos al mar". Pero yo estaba perdida con tantos olores y sonidos y no sabía dónde dirigirme. "Te atrapé, Emilia, porfiada, ¿cómo se te ocurre escapar?" Mi humana me había pillado en el peor momento. Yo me sacudí mucho, igual que cuando me da medicamentos pero no pude soltarme. Mi humana corrió conmigo al restorant, dando saltitos. Entonces escuché una gran ola que sonó así brrroooom y oí como los humanos escapaban para no mojarse. Ya sabía dónde estaba el mar. Me trepé por la cabeza de mi humana, salté y corrí a la orilla.

El mar me mojó las patas y como no me gusta el agua me asusté y me caí. Me di varias vueltas de carnero y escuché que el pescadito me decía: "ahora, suéltame, ahora". Estaba toda mojada con aquella agua fría y tenía mucho miedo, pero igual me adentré un poquito más en el agua para soltar al pescadito. Abrí la boca y el pescadito resbaló y dio un saltito. "Muchas gracias, amiga", dijo y luego palmeó con sus aletas y dejó que se lo llevara la ola. "Chao, pescadito, saludos a tus papás". Cuando mi humana me agarró me retó mucho, me secó con una toalla, me dio muchos medicamentos para los micobrios y no me perdió de vista durante todo el fin de semana. Me cuidó igual que a un cachorro y no me dejó asomarme ni a la puerta pero a mi no me importó porque había liberado al pescadito.

Vida Security
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Amante de la fotografía, actualidad y tecnología.
@vidasecurity

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