Emilia cuenta una historia dedicada a las mamás

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Emilia cuenta una historia dedicada a las mamás

El gatito y su mamá viví­an en un subterráneo, un subterráneo es un lugar donde los humanos guardan sus vehículos. Bueno, aquí es donde ambos tenían un rinconcito en donde podían dormir. Todos los días un señor que era muy bueno les daba comida y a pesar de ser muy pobre les llevaba juguetes para que ambos se entretuvieran durante el día, por esta razón los gatitos lo querían mucho.

Un día llegó otro humano que al verlos ahí se enojo mucho con el señor y le ordenó que debía sacarlos. El señor, que los quería mucho dijo que no los sacaría pues no le hacían daño a nadie, pero el otro humano era su jefe y no le creyó, así que lo despidió. El señor bueno tomo a los gatitos, los escondió tras un basurero y les dijo que lo esperaran porque volvería por ellos. Así fue como la mamá y el gatito lo esperaron pero el señor no apareció otra vez. Entonces la mamá del gatito tuvo que salir a buscar comida, lo cual era muy peligroso porque debía ir a lugares que estaban muy lejos.

Si bien la calle estaba llena de peligros y habían muchos vehículos, la mamá del gatito siempre regresaba con cosas ricas, “traje comida”, le decía a su hijo, “es poco pero es lo que hay”. La mamá no mentía cuando decía que era poquita comida, pero el gatito muy contento se comía todo lo que su madre le llevaba, ya que era muy agradecido.

¡Un día la mamá del gatito llego con mucha comida! Tenía una gran sonrisa, pero por alguna razón se veía débil. Su hijo, sin embargo se puso muy feliz al ver tanta comida y le dijo a su mamá que la compartieran pero ella no quiso, “estoy un poco enfermita”, le dijo, “voy a dormir un ratito”. El gatito comió hasta quedar todo sucio, luego se echó de espaldas con la panza redonda. “Mamá”, le dijo, “te deje un poquito”, pero su mamá no contestó, “pucha, que eres dormilona”, le dijo. Le dio una cachetada suavecita en la cara pero su mamá no abrió los ojos. El gatito esperó a que su mamá despertara, la esperó varios días y aunque estaba muerto de hambre no se separó de ella. “Despierta”, le decía mientras las lagrimas le mojaban sus patitas, “despierta mamá”, insistía pero su madre no respondía. Un día el gatito escucho a un humano y corrió hasta él pensando que era el buen señor que antes los cuidaba, “Señor, señor”, le decía en idioma gatuno, “ayude a mi mamá porque está enferma”, pero aquel humano era el otro, el que no los quería y al ver al gatito lo echó a la calle. “¡No!”, dijo el gatito, “debo cuidar a mi mamá”, y regresó movimiento sus pequeñas patitas pero lo volvieron a echar. Y así lo hicieron cada vez que el gatito quería entrar, hasta que al final el pequeño se metió por la ventana. “!Mamá, mamá!” gritaba mientras corría al escondite, “te traje un pedacito de pan”. Pero cuando llegó a su escondite ya habían quitado todas sus cosas, su mantita, sus juguetes y su mamá ya no estaba.

Se quedo ahí, con el pedacito de pan en la boca, sin saber qué pensar y aunque todavía estaba con mucha hambre no se lo comió. Paso mucho tiempo escondido, hasta que un día escuchó que alguien decía Miau. “¿Mamá?”, preguntó,  y corrió para investigar quien de donde venía el maullido. Dicho maullido venía del fondo de un basurero, el gatito se tiró de un piquero y revolvió toda la basura, estaba muy asustado, pues los maullidos se escuchaban cada vez más débiles, pero revolvió tanto que el basurero se dio vuelta y entonces ¡halló al que maullaba! Resultó que el maullido no era de su madre, era de un gatito más pequeño que él y lo habían tirado al basurero dentro de una bolsita, “yo te salvo”, le dijo el gatito y rompió la bolsita. Una vez que la bolsa estaba rota el gatito bolsa salió desesperado y abrazó a su nuevo amiga en forma de agradecimiento por salvarle la vida ya que había estado a punto de ahogarse. “Yo te ayudaré”, le dijo el gatito, “yo te ayudare porque ninguno de nosotros tiene mamá”.

Ahora, estos pequeños acaban de llegar a casa, fueron rescatados por unos amigos de mi humana, los trajeron directamente a nosotros, son iguales que los otros pancitos solo que son más tímidos y nunca se separan. Cuando alguien se les quiere acercar ambos sacan sus pequeñas garras para defenderse, pero yo sé, ¡estoy segura! que pronto serán alegres y juguetones porque, a pesar de no tener mamá, ahora tienen una gran familia que los quiere y los va a proteger siempre.

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