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Emilia aprende lo que es ver

Un día, cuando estaba más chica, mi humana me metió en una jaula, hasta ese día yo nunca había estado en una jaula y a pesar de que mi humana me hacía cariño a través de los barrotes, me daba miedo porque ya no estaba en la casa, sino que estaba en la calle y yo no quería volver a ese lugar. Esta vez, habían muchos olores nuevos y como la jaula se movía mucho me dieron ganas de vomitar, y de hecho lo hice. Mi humana limpió la jaula y después me hizo cariño en la nariz hasta que llegamos a una casa.

En aquella casa había una señora que me tomo y me puso sobre una cosa que llaman balanza, ahí me peso y luego me dio un pinchazo en la cola, ¡me dolió tanto el pinchazo! que salté de la camilla sin saber lo que había más allá. Resulta, que caí sobre un perro, sabía que era un perro porque dijo guau y tenía el mismo olor que Olivia, pero también olía a jarabe para la tos. «¿Qué estás haciendo acá? dijo el perro», «No tengo idea» le respondí, «Me acaban de dar un pinchazo», «¿Te pusiste la vacuna?» Me preguntó el perro, «Sí», le dije, «Odio las vacunas». El perro se empezó a reír y escuche que se baboseó, el perro podía ser baboso pero también era muy simpático, entonces al rato me dijo: «¿Y tú, estás aquí para que te coloquen ojos?». «No creo», le respondí al perro. «¿Qué son los ojos?» Le pregunte de inmediato, en ese momento yo era muy chica y no sabía qué eran los ojos y mucho menos sabía qué era ver, pero aquel simpático perro me lo explico sin problema. Me dijo que las cosas no solo huelen o hacen ruido, sino que también tienen forma y esas formas se miran con los ojos. «¡Pero que loco!», le dije al perro, «Nunca me lo hubiese imaginado». Seguí conversando con el perro durante mucho rato, entonces, escuché los pasos de mi humana. A estas alturas quizás ya se había olvidado del pinchazo así que corrí hacia ella y apenas me tomó en sus brazos me puse a ronronear.

Ese día aprendí dos cosas: que los veterinarios pinchan y que los ojos sirven para ver.

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