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Descubre la inspiradora historia de Emilio, el perro y su humano

Había una vez un perrito que vivía en la calle. Era muy anciano, apenas caminaba y todas las noches se acostaba en una plaza que estaba junto a la ventana de Emilio.
Una noche llovió muy fuerte y todos en mi casa se fueron a dormir, salvo Emilio que quería jugar. El pequeño se asomó al balcón a sentir la lluvia y escuchó la respiración del perrito. “Oiga”, le dijo, “venga a mi casa, se está mojando”. Y entonces el perrito le respondió: “no puedo moverme de aquí, pues aquí me paseaba mi humano. “¿Y dónde está su humano”, preguntó Emilio. “Hace muchos años partió de viaje, pero esta misma noche vendrá a buscarme”.
Emilio trató de convencer al perrito de que entrara a su casa pero fue inútil. El perrito no pensaba moverse.
La lluvia cayó con fuerza y Emilio se desesperó. El perrito se congelará, pensó. Y corrió en busca de su manta favorita para cubrirlo, pues estaba decidido a compartir lo poco que tenía con aquel perrito anciano que no tenía nada.
Al regresar al balcón hubo un gran relámpago y Emilio, que era ciego, se llevó una gran sorpresa, pues pudo verlo. Era un relámpago hermoso que descendió suavemente a la plaza. “Que lindo”, dijo Emilio.
El perrito, que era anciano, saltó como un cachorro alrededor de aquella luz y dijo: “sabía que vendrías a buscarme. ¿vamos a pasear?”. Y entonces aquella luz protectora lo tomó en sus brazos y le dijo que si. Pues la luz era el humano que hacía años había partido de viaje al cielo. Y ahora, que el perrito había cumplido su ciclo, se lo llevaba para ser feliz.
Emilio vio como el perrito y su humano subían al cielo y los despidió con la pata: “Adiós, perrito, adiós, adiós”.

Adiós, buen viaje

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