#ClubVivaRecomienda ✈ Zaruma: el otro lado de Ecuador
9 mayo, 2019
Vacuna KC
13 mayo, 2019

Descubre la historia de Emilio y los gatitos del techo

Emilio se levantó muy temprano y corrió al balcón para jugar con sus juguetes.
—Hola pelota, hola rueda de camión, hola tapa de bebida.
Y muy contento se echó de panza, imaginando que sus juguetes eran dragones, magos y castillos.
De pronto, se le agacharon las orejas. Y es que acababa de darse cuenta de algo terrible: Su mantita, que era su juguete favorito había desaparecido.
—Mi mantita —maulló. Y desesperadamente se puso a buscarla.
Se pasó todo el día tratando de encontrarla y cuando se hizo de noche se dio por vencido. Tristemente regresó a su escondite secreto, pero entonces escuchó un sonido proveniente del balcón. ¡Un gato se estaba metiendo entre las rejas!
—Hey —maulló Emilio—, tú te robaste mi mantita y ahora vienes a robarte mi pelota.
Al ver a Emilio, el gato ladrón dio un salto y se trepó al techo. Mas Emilio, que quería mucho a su mantita, se decidió a seguirlo y desobedeciendo a su humana, salió por la ventana.
Muy pronto se encontró en el techo de su casa. Y se puso muy nervioso porque, a pesar de haber vivido muchas aventuras, no recordaba haber estado nunca allí.
—Uy —se dijo—, parece que está haciendo frío. Brrrrr.
Emilio tenía razón pues a medida que se acercaba el invierno, las noches se hacían más heladas.
—Gatito robón —decía—, ¿dónde te metiste?
Pero nadie le respondía.
Emilio recorrió todos los techos de los alrededores, pero el gato no aparecía por ninguna parte. Estaba a punto de regresar cuando escuchó un maullido.
—¡Te encontré mantita! —dijo Emilio.
Lo que encontró fue un gatito mucho más pequeño que él, que se había envuleto en su mantita para combatir el frío. A Emilio le dio mucha pena el pobre gatito y con la punta de la nariz estiró la manta para cubrirle las patitas. Entonces se dio cuenta que bajo la manta había otros tres gatitos y supo que el que se la había robado era el hermano mayor. Entre sueños, el gatito le dijo a Emilio:
—No nos quites la mantita, mañana te la devolvemos.
—No te la voy a quitar —respondió Emilio.
Y mordiendo la punta de la manta arrastró a los cuatro gatitos por los techos helados…
Cuando los gatitos despertaron se llevaron una gran sorpresa, pues ya no estaba en los techos, ahora estaban en el ropero de Emilio, que los vigilaba con las orejas bien paradas.
—Hola —les dijo Emilio—, ya durmieron harto, ahora hay que jugar porque es divertido.
Y así fue que aquellos gatitos persiguieron a Emilio por los sillones, maullando divertidos durante el resto del día, muy felices.
Emilio los llama Pancitos mantita y le siempre les está dando consejos locos. Son los nuevos integrantes de la pandilla y lo mejor es que nunca más volverán a pasar frío.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *