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Cinco historias de amor

Había una vez una niña, que pasó junto a un antejardín donde había un gatito pequeño. Aquel gatito tenía las patas traseras lastimadas y se arrastraba. Había estado ahí desde hacía tres días, sin recibir atención vetedinaria. La ñiña lo tomó en brazos, lo llevó a su casa y como el gatito no paraba de deslizarse, arrastrando las patitas traseras, lo llamó Turbo.
La niña quería mucho a Turbo y no le importaba cambiarle pañales porque era la alegría de la casa. Y como el destino une a los seres que son parecidos, la niña se enteró de la existencia de Kigabi y quiso adoptarla
Kigabi era una gatita que había sido abandonada en Pomaire, a pleno sol junto a su hermanito. Ki era igual a Turbo, pues no le funcionaban sus patitas traseras. Por eso se hacía y necesitaba que la atendieran. Ki fue rescatada junto a su hermanito. Su hermanito sobrevivió y hoy vive en mi casa. Pero Ki había pasado demasiado tiempo desatendida y como se le habían metido los micobrios, no sobrevivió…
El tercer gatocarrito de esta historia se llama Santi. A Santi lo encontraron en La serena, unos amigos humanos, y lo llevaron a Santiago. Durante todo el viaje, Santi se preguntaba dónde iría. Estaba nervioso, pero no tenía miedo, pues algo le decía que su destino sería muy diferente, algo le decí que sería feliz.
Cuando Santi llegó a Santiago, se quedó en la casa del cuarto gatito de esta historia, mientras encontraba su hogar definitivo. Otro gatocarrito con las patas lastimadas, que usaba pañales: Franklin. Franklin, sus hermanos y humanos recibieron a Santi en su casa. Ambos se llevaron muy bien porque eran iguales, se hicieron muy amigos, pero llegó el día en que tuvieron que despedirse, pues Santi encontró su hogar definitivo.
El hogar definitivo de Santi lo encontró la propia Kigabi, aquella gatita de Pomaire que no sobrevivió. Desde el cielo, la gatito movió los hilos y llevó a Santi a su nueva casa, aquella casa en la que ella no alcanzó a vivir. Yo sé que fue así, estoy totalmente segura.
Cuando Santi llegó a casa de la niña, se hizo amigo de Turbo y pronto se convirtió en un supergato que corre a su manera y que es muy feliz a pesar de usar pañales.
A estos cuatro gatitos los une el destino y el amor, pero hay otro gato más y su nombre es Margarita.
Ahora Margarita está junto a nosotros. A ella la dejaron en una casa abandonada, le habían cortado sus orejas con tijeras. Margarita tiene muchas heridas en los huesos de sus patas traseras pero lo bueno es que ya no recuerda nada de su pasado. Está en proceso de rehabilitación y muy pronto necesitará una familia, igual que los otros gatoscarritos de esta historia. Si quieren conocer más de Margarita la encuentran en las redes de Fundación Adopta.
Estas historias son en realidad una sola gran historia, una historia que nos habla del amor entre seres especiales que acabaron por encontrar un hogar y que son felices a pesar de las adversidades.

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