La señora paloma
14 diciembre, 2017
Mi hermano Emilio y yo
14 diciembre, 2017

Carrito en el refrigerador

Anoche me quedé hasta tarde jugando en mi escondite secreto con mis hojitas y mi capa de súper Emilia. Así que por la mañana, cuando mi humana se fue al trabajo no me quise levantar. Estaba durmiendo de lo más bien cuando de repente apareció Emilio. “Emi, Emi”, me dijo, “estamos aburridos”. Emilio venía con Carrito y Bambina y los tres suspiraban como si estar aburridos fuera la peor tragedia del mundo. “Dejen dormir”, les dije, “vayan a jugar”. “Es que no sabemos ningún juego”, dijo Bambina. Pero era mentira, porque se la pasan todo el día jugando; solo querían molestarme. “Ya”, le dije, “vayan a jugar a las escondidas”. “Yupi”, maullaron los tres y salieron corriendo.
Cuando me dejaron tranquila volví a dormir y soñé que era Súper Emilia. En mi sueño rescataba una camada de perritos que estaban a punto de cruzar la avenida. Era un sueño muy lindo pero me volvieron a despertar. “Emi”, me dijo Bambina, “estábamos jugando a las escondidas pero Emilio se escondió en el refrigerador y ahora no puede salir y dice que ganó. Pero es mentira porque yo sé que está en el refrigerador”. Cuando Bambina dijo esto se me subió una bola de pelos y me imaginé a Emilio convertido en cubito. Entonces me puse mi capa de súper Emilia y corrí a la cocina.
Le di unos golpecitos al refrigerador y dije: “Emilio, ¿cómo estás?”. Como Emilio no me respondía me asusté y volví a rasguñar. “Emilio”, maullé. “Aquí estoy, Emi”, dijo el enanito, “estaba durmiendo porque aquí está fresquito”. Suspiré y metí la pata entre la puerta pero no se abrió. “Emilio”, dije, “no te vuelvas un cubito, ya vuelvo”.
Corrí a mi escondite secreto y regresé con un pedacito de cuerda. Amarré una punta a la manilla del refrigerador y la otra se la enrollé a Carrito. Entonces le dije Bambina que empujáramos a Carrito. “Emilio”, dije, “ahora te vamos a rescatar”. “No se apuren”, dijo Emilio, “que estoy comiendo”.
Nos costó mucho pero al final la puerta del refrigerador se abrió. Y una avalancha de comida cayó sobre nosotros. Frutas, sopa, tomates, todo revuelto. “¿Dónde se metió Emilio?”, pregunté. Revolví la comida que había caído al suelo, muy nerviosa, pensando que el enanito se había congelado, pero entonces escuché su voz. “Vengan hermanos”, dijo, “estoy comiendo helado”. “Que rico”, dijeron Bambina y Carrito y se metieron al refrigerador. Habían subido tan rápido que no pude detenerlos y de alguna manera se las arreglaron para quedar encerrados.
Yo me enojé mucho y les dije que eran unos locos, pero ni me escucharon porque estaban comiendo helado. Ay, dije y mordí la cuerdita para abrir la puerta. Era muy pesada y lo peor es que me resbalaba entre la comida que habían botado al suelo. Estaba toda cochina y enojada. “Emi”, dijo Bambina, “tenemos frío”. “Eso les pasa por lesos”, les dije.
Ya había pasado un buen rato desde que mis hermanos se habían encerrado, cuando de repente escuché la puerta de calle. “Mi humana”, maullé, muy contenta y corrí a recibirla para que salvara a mis hermanos. Cuando mi humana me vio me tomó en brazos y me dijo: “Emilia, estás toda cochina”. Entonces desde el refrigerador mis hermanos dijeron miau y rasguñaron la puerta. Mi humana corrió a la cocina y abrió el refrigerador y mis hermanos salieron muertos de frío y le hicieron cariño en las piernas, haciéndose los santitos. “Emilia”, dijo mi humana, “otra vez haciendo leseras”.
Ahora estoy castigada en la pieza de mi humana y ni siquiera he podido ir a mi escondite. Siempre me pasa lo mismo y me retan. Así que la próxima vez que mis hermanos jueguen a las escondidas en el refrigerador voy a dejar que se conviertan en cubitos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *